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Crónica
Una experiencia espiritual

Cuando Marcos tomó por primera vez ayahuasca, fue como si le hubieran puesto un televisor dentro de su cabeza en el que podía mirar su pasado. “Es una experiencia religiosa”, dice Marcos para resumir lo que sintió aquella vez.

Jueves 12 Junio 2014 | 10:08

Había llegado al Cerro de Jaboncillo a vivir aquello, invitado por una amiga y en busca de respuestas.

Primero lo metieron en medio de 20 personas, en una especie de carapacho de tortuga gigante, que tenía en medio un hueco en donde metían piedras volcánicas al rojo vivo.
Ese rito se llama temazcal. Un temazcal es un baño de vapor empleado en la medicina tradicional y religión de las culturas americanas.
Luego hicieron que Marcos y los otros que participaban en la ceremonia se sentaran alrededor de una hoguera y les dieron de tomar la ayahuasca, un brebaje realizado a base de la planta del mismo nombre que provoca alucinaciones.
Marcos describe el sabor de la ayahuasca como “amarguísimo”. Después vinieron las alucinaciones acompañadas de nauseas y vómitos.
Mientras tenía visiones y se veía a sí mismo siendo un niño, preguntándole cosas a su abuela, los vómitos no paraban.
Una vez se vio que flotaba junto a un amigo. En otra se sintió liberado y le vio la explicación a todo. “Lucidez, llámalo lucidez mental”, dice para otra vez resumir lo que percibió.
Al amanecer (la ceremonia dura toda la noche) estaba agotado y como si estuviera con resaca. Marcos ha participado en la ceremonia cinco veces, y dice volvería a repetirlo.
>La familia. “Todos en mi familia han asistido a la ceremonia, menos mi madre”, cuenta Marcos. Una vez fue junto a su novia, Rosa (nombre protegido).
Ella cuenta que cuando tomó el brebaje tuvo fuertes alucinaciones.
“Espiritualmente la ceremonia te cambia”, dice.
La segunda vez que fue a la ceremonia acompañada de Marcos estaba embarazada, de tres meses, de la que ahora es su hija Laura, que tiene tres meses de edad.
Mientras la entrevista transcurre, Laura duerme. Marcos dice que, para él, la ayahuasca hizo que su hija naciera fuerte. “Aún no se enferma, tiene buen peso y está grande”, dice.
Marcos logró además que su padre lo acompañe a la ceremonia. Antes había llevado a su hermana y hermano. Todos ellos coinciden en que la experiencia les “fortaleció el espíritu”.
“Empiezas a recodar cosas de la infancia y eso hace que sanes viejas heridas”, cuenta Rosa.
>Explicación. Jorge Rosario organiza las ceremonias espirituales ancestrales, como él las llama.
Afirma que quien viva aquella experiencia no será el mismo. Para él, la ayahuasca actúa en dos polos: fisiológico y emocional.
En la parte fisiológica, explica Rosario, permite que el cuerpo libere toxinas a través del vómito que el brebaje produce.
Pero es en la parte emocional en donde la ayahuasca deja de ser una planta medicinal y se convierte en algo espiritual.
“Nos ayuda a encontrar las respuestas por nosotros mismos, perdidas en el caminar de nuestra conflictiva vida”, cuenta Rosario.
Es lo que Marcos llama lucidez, para definir lo que sintió bajo los efectos de la medicina natural.
Según Rosario, bajo los efectos de la ayahuasca se logra un “autorreconocimiento que nos permite mirarnos de forma objetiva y limpia, atentos a nuestros resultados en la vida y hacernos cargo de nuestros procesos y vivencias”.
Como Josefa, que se vio, en medio del trance, dentro del vientre de su madre. Y que además logró reconocer todos los conflictos emocionales nacidos en la problemática de sus padres.
Por eso Josefa se refiere a la ayahuasca como el camino de la sanación.
>El término ayahuasca proviene del quechua, y está formado por “aya”, que significa “cuerpo muerto”, y por “huasca” que significa “cordel gordo” o “soga”.
La traducción más acertada es “la liana que permite ir al lugar de los muertos”, con este nombre se define a una liana usada en las pociones de ayahuasca, cuyo nombre es “Banisteriopsis Caapi”.
Los efectos alucinógenos no proceden de ella directamente, sino de otras especies ricas en triptaminas (alcaloide que se encuentra en plantas y hongos) que se añaden al brebaje.
Los indios Shuar aseguran  que “las visiones están en las venitas del yagí”, que es una planta alucinógena.
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