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La envidia frena el progreso
La envidia frena el progreso
Por: Guido Álava Párraga

Lunes 02 Junio 2014 | 04:00

Práctica habitual de muchos ciudadanos.

Desde que era un joven, saliendo de la adolescencia, había escuchado la expresión “Manabita come Manabita”. Nunca medité sobre la verdad que contenía esta frase. Hace unos días estaba meditando sobre el pecado de la envidia, la forma como este antivalor es  practicado cada vez más, ya no solo por los políticos sino por  jóvenes y adultos de nuestro medio, para convertirse hoy en una práctica habitual de muchos ciudadanos.
En los cerca de 15 años alejado de la política partidista ecuatoriana, he comprobado cómo muchas personas, sin ser políticas toman posiciones contrarias y de odio contra candidatos o ciudadanos  que nunca les han hecho daño y que ni siquiera han tenido ningún tipo de relación, simplemente porque alguien les habló mal del candidato, otros dan la contra sabiendo que son personas capaces. En estos casos la actitud nace de la envidia.
¿Cuántas veces nuestro pueblo no ha elegido a buenos y capaces ciudadanos solo por la envidia? ¿Cuántas veces la ayuda del poder central no ha llegado porque políticos contrarios a un funcionario han influido para que no se dé? Cuando estuve en la política, un amigo expresidente me comentó: “Alguien de tu ciudad, sin darme razones me dijo que no te apoye con el plan maestro de alcantarillado”. Al oír aquello me quedé estupefacto, le creí al presidente y me guardé para mi tamaña actitud de “un amigo político”: y me dije: ¡Es cierto! “manabita come manabita”.
¿Qué es la envidia? “el dolor o resentimiento al enterarse del adelanto disfrutado por otra persona, unido al deseo de poseer lo mismo”. También  es el dolor o descontento que se siente por el  éxito ajeno,  o amargura por lo que otro tiene.
Otros estudiosos la definen como el “disgusto o pesar por el bien ajeno”,  la tristeza causada en uno, por el bienestar de otro... Se dice que uno de los males culturales arraigados dentro de los países de América es la envidia, de la cual provienen muchísimos males.
En su evangelio, el maestro Jesús enseña que ese sentimiento de envidia se anida en el corazón humano y de ahí, desde dentro, sale y contamina al hombre produciendo: desobediencia, robo, enfermedad, celos, codicia, crítica, traición, amargura y muerte...
La envidia es uno de los problemas emocionales más frecuentes, y aunque nadie lo declare todos hemos sentido envidia alguna vez.
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