Actualizado hace: 2 horas
Melvyn O. Herrera C.
¿Y el primer extremo?

Creo que nadie en sano juicio cuestionaría la esencia misma de una de las más trascendentes obras de este gobierno, dirigido por un profesor universitario desde la presidencia de la República; refiérome a “Yachay”,

Lunes 02 Junio 2014 | 04:00

la realización educativa de tan alto nivel, que haría del valle de Urququí una suerte del californiano “Silicon Valley” por los jóvenes talentos que ahí ya se están preparando para afrontar-proveer a la sociedad ecuatoriana de un futuro ligado a la ciencia y tecnología, superior en todo sentido. Es entonces esta reciente realidad de Yachay, unida a otras instalaciones semejantes y a la revisión de sistemas con positivas intervenciones en otros niveles de la educación del país, los que pueden considerarse los extremos finales de la educación formal. Pero, observadores con quienes coincido, hacen notar que no se ha conocido o publicitado la transformación del que es el primer extremo o inicial de la educación, fuera de la que los padres en el hogar estamos seguros dan a sus hijos; aludo a los que aún conocemos como “jardines de infantes”, en sus distintos iniciales niveles.

Al respecto, he conocido y comentado con otros ciudadanos que en algunos paises europeos, al tierno infante en esos primeros años de educación, no lo atiborran enseñándoles a leer, escribir, y más; no, eso no es lo que dispone el pensum en esas naciones para ese nivel y tipo de establecimientos, sino que en esa muy tierna edad, mucho antes de los primeros grados formales se comienza con la formación de los buenos ciudadanos que en el futuro deberán ser esos niños. Conocí que se concentran en -jugando- enseñarles y practicar el respeto a sí mismo, a sus compañeros, superiores y a las normas; junto con las mejores buenas costumbre habituales, como son los básicos: Aseo, ahorro, orden y puntualidad, extendiendo el aleccionamiento-concienciación de esta elemental buena conducta, pero respecto a la comunidad que rodea a ese embrión del buen ciudadano, que desde ahí empieza a integrarse correctamente a la sociedad. Es en verdad revolucionario lo que conocí y me uno fervorosamente a esa metodología, anhelando se institucionalice en Ecuador.
El transformar este primer inicial extremo de la educación, regulando el pensum de las actuales infantiles actividades, con toda seguridad luego de una generación al menos, dará los buenos ciudadanos que necesitamos abunden en nuestro medio; así tendremos más seguridad del éxito propio y para la comunidad, de quienes luego egresarán de los institutos del más alto nivel, que con nuestras cuantiosas  inversiones empiezan a poblar la patria. 
 
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