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Crónica del Día
Mayón: el manjar de la etnia Tsáchila de Santo Domingo

Antes de probarlos unos piensan más de dos veces, pero como dicen por ahí: “la curiosidad no tiene estómago”.

Lunes 06 Enero 2014 | 11:08

En pinchos asados o refritos con su propio aceite, el mayón, o gusano de palma, está a la orden del paladar de los clientes. Incluso hay quienes prefieren comerlos vivos.

El mayón es un gusano que se reproduce en los desechos de la planta de palma de aceite y es uno de los alimentos tradicionales de la Nacionalidad Tsáchila.
Su sabor es muy parecido al del maíz asado.
También se los encuentra en el pambil, en papayuelo (similar a la papaya) y en el plátano. Según Pilar Córdoba, administradora del restaurante “El Mayón”, los mejores ejemplares están en el pambil, pero es difícil conseguirlos debido a que no existen muchas plantaciones de esta especie. 
De su parte, Javier Jende, de la comuna Cóngoma Grande, explicó que la mejor temporada de reproducción del mayón es el invierno, pues con las lluvias la palma es más productiva.
“Los mayones los encontramos en las comunidades Tsáchilas. Nuestros antepasados han vivido muchos años alimentándose de estos animales”, señaló.
Córdoba explicó que “estos gusanos son una especie de mariposa, que dejan sus larvas en la palma y de ahí se reproducen”.
Ella los consigue en Luz de América. “Los compramos dependiendo de la temporada, en verano cuestan entre 35 y 40 centavos y en invierno, de 20 a 25 centavos, cada uno.
Parte de la cultura y el turismo de Santo Domingo están enmarcados en las tradiciones de los Tsáchilas, su música, vestimenta y comida, expuestas en cada una de sus comunidades.
Varias personas emprendedoras de la nacionalidad han cruzado el límite de su territorio y han ido más allá, llevando su cultura a la ciudad. 
De la venta de mayones viven dos familias. Los Jende y los Córdoba hablan de los restaurantes de comida típica Tsáchila, que hace ocho meses abrieron al servicio de propios y extraños: “El Mayón” y “Ashuawaca”.
El primero está ubicado en la avenida Tsáfiqui, en el sector del redondel de la cooperativa 20 de Octubre, y el segundo, en la avenida Tsáchila, diagonal a la Tribuna Cívica. 
“Vimos como una necesidad de que la población conozca un poco más sobre la nacionalidad Tsáchila y no esperar a que lleguen las fiestas para probar estas delicias. Este fue uno de los motivos que nos impulsó a abrir el local”, manifestó Pilar Córdoba. 
Junto a su esposo e hijos decidieron salir de la comuna Chigüilpe para dedicarse de lleno al negocio, desde julio del 2013.
En cambio, Jende lleva siete meses con el comedor “Ashuawaca”, palabra Tsáfiqui (idioma Tsáchila) que en castellano significa “comida típica tsáchila”. 
“A raíz de las historias, de muchos años hemos venido comiendo lo natural y nos hemos planteado abrir este restaurante para que la gente de Santo Domingo conozca nuestra gastronomía”, indicó el hombre. Añadió que muchos clientes lo piensan muchas veces antes de adquirirlo, sobre todo quienes vienen de otras ciudades. También hay personas que van y los solicitan. “Es muy apetecible, sí ha habido aceptación”, recalcó.
PREPARACIÓN
“Mientras más brasa viva, es mejor”, decía Pilar mientras los gusanos empezaban a encogerse y a ponerse dorados con el fuego. 
A veces cocinar los pinchos resulta más rápido que comerlos. La preparación dura entre cinco a siete minutos. 
Para ello, deben estar vivos en un recipiente lleno de desechos de palma. “No hay cómo tenerlos muertos porque se dañan. Si estuvieran muertos el aceite que llevan dentro se daña”, explicó Pilar.
Luego de escoger a los “sacrificados” se los lava y los coloca en los palillos para pinchos. Allí mueren. A los mayones sólo se le agrega sal y se los ponen a la brasa. 
Una vez preparados van al plato.  Finalmente, indicó que el pincho está formado con cuatro  mayones, que acompañado con “bala” o verde molido, un curtido de cebolla y un vaso de jugo de chicha. Todo esto cuesta tres dólares. 
Jende aclaró que la preparación se la hace higiénicamente. Añadió que existe otra forma de cocinarlos. “Se los hace en refritos con su propio aceite”, señaló. 
Pilar dijo que una de las razones por la que siempre regresan los clientes es por el beneficio que tienen al ingerirlo. Explicó que este producto es “muy bueno para los pulmones, han venido personas con niños que tienen asma y han salido maravillados. Cuando vuelven dicen que los niños están curados”, concluyó la mujer.
Además, Jende dijo que es un alimento afrodisíaco.
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