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Ubaldo Gil Flores
Ubaldo Gil Flores
Por: Libertad Regalado
lire2653@gmail.com

Jueves 02 Enero 2014 | 04:00

En 1987, fui convocada por Horacio Hidrovo a una reunión en Manta, en el Departamento de Cultura de la Universidad Laica Eloy Alfaro, allí conocí a un grupo de personas con las cuales compartí por espacio de tres años en el Taller Literario dirigido por Miguel Donoso Pareja.

 

Una de esas personas fue Ubaldo. 
Todos habíamos iniciado nuestros pasos en la escritura de cuentos y poemas, con Miguel descubriríamos el mundo del lenguaje artístico desde la semiótica, la estructura del texto desde las normas más elementales de la sintaxis, concordancia y el uso de la ortografía.
En esas horas de tertulia literaria, de trabajo de análisis, de enfrentarnos al texto, deshuesarlo hasta convertirlo a veces en la nada.
En ese papel que con vergüenza se arrugaba en nuestra mano.
Que saltaba al tacho de basura.
O en el futuro poema o cuento que se salvaba y se lo dejaba listo para descansar por unas semanas o meses para ser leído unas cuantas veces más, antes de su publicación. 
Ubaldo se inclinó por la narración.
Gustó de la descripción casi fotográfica de los escenarios y de los personajes.
Puso especial cuidado en el uso de la palabra y de sus implicaciones dentro del texto.
También fue muy crítico en estos aspectos con los textos de quienes formaban el taller.
De alguna manera esto le fue abriendo el camino a lo que sería desde el 2000, su pasión:
La dirección del Departamento de Edición y Publicación Universitaria (DEPU), de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, donde desde el sello Editorial Mar Abierto ha entregado a la comunidad académica decenas de publicaciones. 
Se proyectó más allá de Manta y creó el 2010, la Red de Editoriales Universitarias y Politécnicas del Ecuador, donde ejerció la presidencia.  
La noticia de su muerte me llegó hasta esta tierra de Atuntaqui.
La recibí por un mensaje de una entrañable amiga.
De manera inmediata pensé en el dolor de Bahí Mondavi, la abnegada mujer iraní que compartió su vida.
Con ella procreó a Simone, Alejandro y Omi, sus hijos a quienes él amaba por sobre todas las cosas, y de quienes se sentía orgulloso. La muerte no da tregua, llega y su fuerza arrebatadora nos inmoviliza, sensibiliza.
Hoy le tocó a Ubaldo partir, pérdida significativa para el mundo de las letras y para Manta, la ciudad que lo vio nacer en 1965. 
Su deceso deja un gran vacío en la ULEAM, en el Departamento que dirigió, su nombre queda perennizado en las dos instancias de publicación que fundó, en los libros de cuentos  ensayos y en su última obra “Amor más allá de Madrid”, y desde luego, en la memoria de quienes lo amaron. 
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