Actualizado hace: 22 minutos
EN MI ÉPOCA

En mi época no había tantos regalos, colocábamos la carta a Papá Noel esperando que llegue con algún obsequio, el cual aparecía… con el esfuerzo de la familia Noel de carne de hueso.

Lunes 30 Diciembre 2013 | 04:00

En mi época no había fiestas organizadas por fundaciones, ni entes estatales, ni municipio, pero nunca faltaban los dulces y abrazos de quienes nos rodeaban.
En mi época ver un carro, una volqueta de juguete era todo un acontecimiento (se acuerdan de una amarilla de marca Tonka), quedábamos extasiados viéndola, soportaba nuestro peso; pero había un juguete que nos inventábamos, dos tiras de madera en forma de cruz con rulimanes en la puntas para que pueda deslizarse… y empujar se ha dicho.
En mi época, no había tablet, ni computadora, ni atari (el abuelo de las Play Station), pero sí existían los puestos donde íbamos a leer las revistas que salían cada semana con números nuevos de personajes, en los cuales literalmente nos metíamos y dábamos rienda suelta a la imaginación.
No había viajes a la playa, pero sí a la playita, quedaba al final de la avenida Guayaquil (debía haber más, pero con los amigos era la que frecuentábamos), hasta donde acudíamos a darnos un buen baño y comer mango a escondidas de nuestros padres, teníamos que tomar las precauciones para evitar que se dieran cuenta porque sino aténgase a las consecuencias. Y los más osados, cogían los tubos inflados de neumáticos grandes para venirse “agua abajo” (lo hice solamente un par de veces, le temía a la correntada y las palizadas).
Cómo ha cambiado la vida en las últimas tres décadas, hay comodidad, facilidades para estudiar, para adquirir las cosas, tour para ir en familia a lugares turísticos, entre otras tantas posibilidades de mejora para los seres humanos, pero se están perdiendo detalles que vuelven frías las celebraciones decembrinas, hay posiciones acomodaticias, el sentido de pertenencia lo hemos tomado de mala manera (yo, yo, yo), la empatía empieza a estar en el libro rojo de las especies en extinción; al igual que la solidaridad, la han convertido en alter ego de la forma menos digna de hacer política.  De mi época a esta época hay un cambio abismal, se ha dado un gran salto evolutivo-tecnológico que permite la facilidad de la vida, las ciudades son smart (inteligentes), estamos interconectados computacionalmente, pero nos cuesta acercarnos al de al lado (compruébelo en la misa), se baila y se come chateando.        
El mundo ya no es el mismo, parece que girara a mayor velocidad, o como si le hubiésemos añadido otro movimiento giratorio.
Mas, lo que no debe cambiar es la actitud, el positivismo, el humanismo, ese aceptar al otro por ser otro, diferente (al prójimo). 
¡Felicidades!! 
Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
  • ¿Qué te pareció la noticia?
  • Buena
  • Regular
  • Mala