Actualizado hace: 7 horas 22 minutos
¿Caímos sin honor ni gloria?
¿Caímos sin honor ni gloria?
Por: Mauro F. Molina Menéndez
molinamauro1117@yahoo.com

Sábado 21 Diciembre 2013 | 04:00

D esde el momento que Gustavo Granizo, Director de Planificación del Municipio dió sus declaraciones a Manavisión, Canal 9, se conviritió en el sepulturero oficial del aeropuerto Los Reales Tamarindos. Y con él, quienes tomaron parte del atróz desgarramiento cívico.

Porque ahí triunfó la posición oficial de arrebatarle a Portoviejo un pedazo de su historia. Su patrimonio y orgullo cívico desaparecieron.  ¿Los esfuerzos de René de la Torre, Childerico Cevallos y el mío propio se están perdiendo?
¿Ahora solamente nos queda  apoyar nuestros hombros y llorar lágrimas de despecho? Parece que nuestras voces no fueron lo suficientemente poderosas para despertar al pueblo de ese quemeimportismo en el que ha caído por culpa de líderes que no supieron revelarse al agravio cometido por el oficialismo. 
¿A dónde estuvieron el señor alcalde y los flamantes ediles? ¿ Doña Alba González de Barcia, los clubes de Leones, Rotarios, las altas jerarquías religiosas, los consejos barriales, el Consejo Provincial, periodistas, radiodifusoras e intelectuales coronados y sin corona, portovejenses? 
Al parecer, todos, como el avestruz, prefirieron esconder sus cabezas a confrontar la mano que cercenaba uno de nuestros orgullos locales. Porque dígase lo que se diga, de un tajo bajamos de categoría socio-política. 
Sin el aeropuerto Los Reales Tamarindos que por lo menos nos conectaba via aérea con el mundo civilizado, los portovejenses bien podemos llamarnos “parroquianos de segundo orden o pelucones de tres por medio”.  Insultos superlativos.
Se nos hirió en lo más profundo. Se mancilló de un solo tajo el ínclito nombre de Portoviejo, alegando que el aeropuerto era un “elefante blanco” o que “quitaba el sueño a respetables varones con el ruido de los motores al sobrevolar sus hogares”
Ahora, ¿sólo debemos esperar que quienes vayan a correr por las diversas posiciones políticas, tomen como emblema el “salvar y restaurar el campo de aterrizaje”? 
Parafreaseando a Bolivar, diremos también quienes alzamos nuestras voces en  defensa del Reales Tamarindos ¿“Habremos arado en el mar”? Esperamos que no.  
La idea de un parque es encomiable. Y Portoviejo, se lo merece. Pero la restitución del Reales Tamarindos se hace un imperativo de honor. De orgullo cívico. ¿Acaso ya ni eso tenemos los portovejenses?   
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