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Blanca Navidad
Blanca Navidad
Por: Lilian Alarcón Durán

Sábado 21 Diciembre 2013 | 04:00

E s viernes, y la tarde se muestra envuelta todavía por el sol resplandeciente, es un día especial, se siente algo de calor en el entorno que para mi piel es de una calidez afectiva y agradable. Siento que el tiempo corre de prisa y debo estar ya camino al colegio. Celebraremos la Noche blanca que ya es una tradición para quienes laboramos en el Portoviejo.

Respiro profundo y recuerdo lo lindo que se desplegó la del año anterior, y me digo que esta noche será mejor, más espiritual, más fraterna, estupenda en todo sentido.  

El programa preparado para el efecto permitirá  que aflore en los presentes fe, alegría,  agradecimiento, fraternidad,  e infinidad de sentimientos necesarios para vivir con una actitud positiva. Pienso que es el momento para amar, perdonar, reflexionar y dar el doble de cariño que a veces no sabemos encontrar dentro de nosotros mismos.  Además, gusta saber que en esta época el simple hecho de pensar diferente nos da la oportunidad de cambiar las cosas y dar importancia a lo que verdaderamente la tiene.  
El proyecto realizado para el efecto,  dejo instituido que esta festividad se celebrará la primera semana de diciembre, época de adviento, que antecede  a la Navidad en la que se celebra el nacimiento y la llegada de Jesús a la Tierra. Ya en el salón de actos del colegio, saludo con invitados, con  los y las compañeras que van llegando vestidos de blanco.  Tomo mi guitarra para acompañarme en las bellas melodías navideñas que se interpretarán y no dejo de pensar en  las personas solitarias que no tienen con quien compartir una comida, un refresco, una conversación, en una época en que se agudiza el sentido de la relación con los demás, se estrechan los lazos familiares en este tiempo en que queremos encontrar a Dios en cada persona y hacerlo presente en cada hogar. Salgo de mis reflexiones con el inicio del programa: Mensaje navideño del Ing. Centeno muy profundo y espiritual, frases  decidoras  de  amor y solidaridad, cantos amorosos y ese espacio increíblemente entrañable del abrazo solidario y reconciliador entre todos/as  los asistentes. Concluye este momento  exquisitamente afectuoso con el brindis de un rico chocolate acompañado de una pequeña hogaza de pan.
Recapitulando,  estos tiempos no se deben desvirtuar, no se trata sólo de consumir, sino de sentir  ese espíritu de amor que hace pausas en las diferencias y consigue que creyentes y no creyentes, olviden sus antipatías y resentimientos para dar paso a la paz y al amor. Ojalá siempre  tengamos ese espíritu “navideño” que nos hace mejores personas, y contribuyamos todos,  a que el mundo sea más suave, atractivo y cómodo. Con el cariño de siempre ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!
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