Actualizado hace: 13 minutos
MARCOS MENDOZA MERO
CHONE DESAMPARADA

Definitivamente, la perniciosa acción delincuencial ha llegado a extremo alarmante en casi todos los rincones de la patria. Siendo justo, hay que reconocer que altos funcionarios gubernamentales y policiales, en los últimos días vienen luchando contra estas basuras sociales, solo que esta labor prevalece en las ciudades más importantes y no hay el mismo empeño en las demás ciudades, como si por ser de inferior representatividad geográfica o política se debe minimizar sus necesidades como ocurre en Chone, pueblo manabita donde se esboza la sonrisa del amor y la belleza, y su gente atesora su dignidad en la conjunción de su altivez.

Martes 20 Agosto 2013 | 00:00

 Desafortunadamente esta cuna de mujeres hermosas y de ejemplar laboriosidad fecunda, en la actualidad parece retenida en un anacronismo desproporcionado, no por sus calles convertidas en lavaderos, talleres y parqueaderos de carros dibujando un aspecto aldeano, ni por su descuidado mantenimiento, sino porque casi todos sus barrios periféricos están sitiados por pandilleros que asaltan, roban, matan y violan a plena luz del día; y uno de los más infectados de esta peste maldita es el “30 de Marzo”, en donde sus moradores no conocen lo que es un patrullaje policial, menos que estos antisociales sean  sancionados porque nadie se atreve a denunciarlos por temor a represalia y vivir un desconcierto sin explicación racional a esta aproximación de vuelta al primitivismo.

Lo que sí  queda claro es que el poder político sólo genera trances de dudas, por lo que las personas medianamente cultas ya son incrédulas y se encierran en una trágica premonición, de que toda la administración pública se mueve a espalda del pueblo y que el vicio de la injusticia y de la desigualdad es la única atmósfera de quienes permiten que la delincuencia trastoque la paz colectiva y rebase el dolor ajeno solo por no sacrificar la rentabilidad electoral.
Que el clamor de los ecuatorianos sin guardaespaldas llegue a concienciar a los asambleístas que con su mayoría cuantitativa ya no tienen una oposición a quien atribuirle leyes de circo, deroguen el eufemísticamente llamado principio de inocencia,  que por su distorsionada aplicación regocija a las malas autoridades porque la víctima queda a merced del libre albedrío recreativo, como el caso de los habitantes del antes señalado sector de Chone, huérfana del apoyo institucional y corporativo lo cual puede ser un detonante para la descalificación y la rebelión ciudadana.
 
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