Actualizado hace: 5 horas 57 minutos
Melvyn O. Herrera C.
Más de la gira…

En la gira, luego de disfrutar de las excelentes carreteras que nos condujeron al subtropical noroeste de Pichincha, pernoctamos en “Arashá”, una hermosa instalación hotelera que nos introduce a la naturaleza sin sacrificar la comodidad de sus cabañas y servicios diversos a los que se pueden acceder, que van desde baños en piscinas y/o ríos, potajes, masajes, sauna y hasta una sesión y limpia con un “shamán”, sin dejar las excursiones diurnas y nocturnas al campo y la observación de los pájaros del medio. No es nuevo este lugar y su éxito hizo que en las poblaciones aledañas o cerca de ellas se instalen hoteles de este tipo, como el que a continuación nos albergó el siguiente día, kilómetros más arriba en la periferia de Mindo.

Lunes 19 Agosto 2013 | 00:00

Antes de esa población, con ayuda del celular, por no conocer el lugar, llegamos a “Mindo Lago”, un hotelito hecho a pulso por una pareja de adultos enamorados de ese medio. Una vía de bajada y escaleras de campo conducen a las cabañas e instalaciones, rústicas, pero muy confortables que rodean a un laguito creado ex profeso -de ahí su nombre- donde existe una mesa que flota en el agua, la que es utilizada para cenas románticas mientras se disfruta del croar de sapos y ranas que en horas nocturnas dan un verdadero concierto, el que simultáneamente es escuchado por la veintena de pasajeros que en bancas superiores asistimos a ese espectáculo. Conocí que entre estos visitantes, habiendo permanecido un fin de semana en ese lindo lugar, estuvo el Presidente Correa y sus familiares; la cabaña donde él pernoctó la ocupó un amigo y su esposa, por lo que desde ahí a él, lo llamamos “Mashi”.
Aparte de los atractivos propios de  “Mindo Lago”, entre los que destaco el riquísimo lomo cocido y servido en calientes piedras volcánicas que fueron la sensación, están atractivos del sector mismo; entre los muchos y muy variados, acudimos a deleitarnos con el conocimiento de las orquídeas, mariposas y colibríes que abundan en el entorno, sin que  dejemos de disfrutar los paisajes de los rincones que recorrimos en un par de Land Rover tipo safari que el hotel puso a nuestro uso con la gran atención que nos brindó la pareja propietaria y su personal.
Continuando nuestra gira y subiendo a Quito, almorzamos en un restaurante cerca de la Mitad del Mundo, donde degustamos la clásica comida serrana, con empanadas de morocho, locro con cuero y aguacate y la infaltable fritada con tortillas de papas. De ahí, el paseo por el callejón interandino que despejado hasta Tungurahua, nos exhibió sus volcanes, nevados y paisajes cual colcha de bregué. Continuaré…                
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