Actualizado hace: 1 hora 47 minutos
Algo en común
Algo en común
Por: Edwin Delgado Armijos

Domingo 11 Agosto 2013 | 00:00

Para muchos, el alimento es la esperanza. La sombra no los alcanza porque siempre van despacio. Preguntan hasta cuándo. Confían en las elecciones para ver si alguien se acuerda de ellos. Los hay por millones. En nuestra América. En Europa. En Asia.

Hay quienes los miran por encima del hombro, con desdén. Son parte de las estadísticas de los estadísticos, de aquellos que se alimentan con su sufrimiento, su dolor. 
La misma esquina con su mismo olor los recibe hasta llegar a su chabola, casa, jacal. Con el cuerpo cansado. Con las heridas abiertas. Son utilizados constantemente. Sucedió hace 100, 80, 50 años. Sucede en la actualidad. Sucederá después de veinte quinquenios.
No les alcanza para mejorar la salud de los suyos. Muchas veces tienen que espantar a la parca. Evitando así que aquel mensajero lúgubre con la hoz y la guadaña, con la última hora, con el último hálito de vida se lleve a alguien de los suyos. 
Sin embargo muchos agradecen porque todavía tienen un lugar donde llegar, una casa que los acoge. Unos brazos abiertos que apagan todas las penas y el bochorno de la vida diaria. Un lugar caliente para descansar. A diferencia de aquellos que no tienen donde llegar, ni quien vele por ellos. Ni una cama donde descansar. Desplazados en sus propios países. 
Escaparse de la realidad de vez en cuando es un ejercicio común en ellos, una copa que queme el garguero. Soñar con un día salir de esa vida austera. A veces sórdida. Soñando ganarse el gordo de la lotería. Intentando tener la tranquilidad de quien vive intranquilo. 
Escuchando al maestro Rubén Blades con su salsa de contenido social (Desaparecidos, Adán García, Buscando América, Amor y control, entre otras), se me vino a la mente a todo ese montón de personas protestando en Egipto por cambios, en Grecia porque mejoren su situación, en España porque haya trabajo. En Oriente Medio. En Brasil pidiendo que la corrupción política pare. Energía que toma forma de reclamo, impotente por cambiar el actual statu quo.   
En pleno siglo XXI con todos los avances tecnológicos existentes, que deberían tener como finalidad la mejora constante de la calidad de vida, donde hasta los electrodomésticos son inteligentes. Todavía hay tanta torpeza humana en la cúspide de la cadena trófica política. 
Habitamos una patria grande. Multicolor. Multiétnica. Con diversidad de lenguajes, pero cobijados por un solo cielo. Alumbrados por un mismo sol, respirando un mismo aire.  
Vivimos en un mundo de tantos contrastes. Pero con algo en común: ganas de cambio. Que no sean solo recuerdos. Lagunas mentales en la memoria desmemoriada de una mayoría dominada por minorías.
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