Actualizado hace: 26 minutos
Anis Yamil Doumet Vera
Milagros de Narcóticos Anónimos

No quepa duda alguna: los milagros existen y los ves a diario. No hay que ir a la iglesia o donde algún brujo o curandero; lo tienes junto a ti, en tu casa, donde el vecino, más allá o mas acá. Son esas personas que viste caminar sin rumbo ni orientación por las calles o avenidas de tu sector, de tu ciudad, de tu país, del mundo; son los muertos vivientes, los zombis que nos regalan las drogas; esos amigos y familiares que empezaron a consumir sustancias por curiosidad, por resentimientos, por abandono, por carencia de cariño, por vivir en hogares disfuncionales, por interpretar mal el concepto de sociedad que no es nada más un círculo vicioso lleno de envidias,orgullo falso, caretas,cinismo, desvalorización.

Jueves 11 Abril 2013 | 00:00

Donde nadie se preocupa del problema de su familia y posibles soluciones, sino de aparentar ante sus miembros que son pudientes económicos pero vacíos de sentimientos y espiritualidad. Ahí está el milagro, porque después de tanto sufrimiento se dieron cuenta que no podían seguir soportando tanto dolor, tanta desvalorización y buscaron la ayuda de la única confraternidad que salva vidas y les devuelve la paz y felicidad como Narcóticos Anónimos (NA).
Hoy esos personajes que estuvieron al borde del suicidio, de la locura, presos, hospitalizados, muestran poco a poco su sonrisa natural, libre, espontánea, ya no necesitan drogas para rehuir los problemas; los enfrentan y tratan de solucionarlos. Son seres increíbles, inteligentes, solidarios, verdaderos amigos dispuestos a devolver la ayuda recibida en otros hermanos que necesitan la experiencia vivida, el contacto permanente con Dios que les regala un despertar espiritual día a día, los vuelve sensibles y generosos; esos son milagros y motivaciones con atracción para los que vienen atrás siguiendo sus pasos.
Recuerda las noches y días llenos de angustia, desesperación y preocupación que te provocaron tus familiares cuando estaban drogándose; tú esperándolos en la puerta o el balcón de la casa pidiéndole a Dios que no les pase nada, que te los traiga. Cada sirena vehicular te provocaba sobresalto y te imaginabas que ahí lo llevaban a la cárcel o al hospital; tus nervios se alteraron y tu vida nunca fue la misma, convirtiéndose en anormal. Hoy los disfrutas, duermes tranquila y ya no se te pierden las cosas que adquiriste con esfuerzo y sacrificio para tu hogar; tienes un ser humano nuevo, que está obligado a cumplir con los 12 pasos para jamás retroceder y no volver a ese mundo oscuro y delincuencial, Fácil, ¿no?. 
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