Actualizado hace: 47 minutos
René de la Torre Alcívar
Adultos mayores

El inciso 2 N. 2 del art. 11 de la Constitución manda: “nadie podrá ser discriminado por razones de etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo, identidad de género, identidad cultural, estado civil,…”.

Miércoles 10 Abril 2013 | 00:00

El art. 36 de la misma Constitución dispone que “se considerarán personas adultas mayores aquellas personas que hayan cumplido 65 años de edad”. En los arts. siguientes se anota que el Estado garantizará a las personas adultas mayores entre otros beneficios atención gratuita y especializada en salud, trabajo remunerado en funciones de sus capacidades para lo cual tomará en cuenta sus limitaciones.
A pesar de lo dicho muchas personas adultas mayores (que tienen una juventud acumulada) son removidas de sus funciones que tienen en las instituciones del Estado con la figura de la renuncia obligatoria.
Las razones para separarlos de sus cargos en algunos casos pueden ser valederas pero en otros se consagra una injusticia. Toda vez que esas personas están en capacidad de trabajar. Los hechos anotados vienen creando en la sociedad angustia. Hablar de renuncia obligatoria resulta una incoherencia por decir lo menos, es como si dijéramos que los divorcios por mutuo consentimiento son obligatorios. La situación de los adultos mayores que provoca desazón en sus conductas también se suscita en otros países.
En la revista Ercilla N. 3471 del 4 al 17 de marzo del año 2013 que se edita en Santiago de Chile se lee lo siguiente:
“Si nos afirmamos en esta última mirada, si miramos no a las edades sino a las capacidades que los tiempos y las tecnología de salud han puesto a disposición de la gente, bien puede suceder, entonces, que el supuesto envejecimiento de la población chilena, visto así desde el punto de vista puramente biológico, vaya acompañado de un rejuvenecimiento en los demás sentidos. En efecto, ¿Por qué hemos de considerar, como se hacía en el pasado, que los 65 años es la edad en que uno debe retirarse?. ¿No dice la propia ciencia médica que dicha edad corresponde, hoy, a lo que antes era un adulto de 30 o 40 años?”.
Separar de sus trabajos a las personas que están llegando a los 65 años no solo se priva de trabajo a esas personas sino que se perjudica a la comunidad y las instituciones.
La Universidad Central de Quito está padeciendo porque se pretende que en los días venideros se separe de sus cargos a muchos adultos mayores que son profesores eficientes.
Para el desarrollo del país es necesario que trabajen todos los que pueden trabajar. Recuerdo con frecuencia que un ex Presidente de la República solía repetir “Si la vejez pudiese lo que la juventud puede y si la juventud supiese lo que la vejez sabe el mundo sería mejor”.
 
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