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Juventud, divino Tesoro
Juventud, divino Tesoro
Por: Lorenzo Bravo Delgado

Sábado 06 Abril 2013 | 00:00

La vida del ser humano se reduce a etapas o facetas muy bien definidas.

Cuando niño, que empieza con el nacimiento hasta la edad de doce años y entra a la etapa de la pubertad y esta es cuando empieza la maduración de los órganos sexuales, la aparición del vello púbico y la modificación morfológica y psicológica de la persona. 
La juventud fase del desarrollo fisiológico y cuando se lleva a efecto el desarrollo completo de los órganos y el mayor grado de perfección. La etapa de viejo sea de mucha edad, antiguo, del tiempo pasado, y deteriorado pero creativo y cariñoso. 
La etapa de la senitud, última etapa de la vida que precede a la muerte, donde se pierde o anulan los sentidos, no ve, no razonan, no reconocen, pierde la vocalización de las palabras.
Entre todas las etapas la más hermosa es la ansiada juventud que es un divino tesoro. Es cuando afloran sentimientos, de angustia por lo incierto que han sido los primeros años de vida o por todos los actos fallidos y también porque se acarrean impulsos demasiado fuertes por encontrar respuestas a los interrogantes. La juventud es la etapa más que ninguna otra, que busca el autoconocimiento y la autodefinición de lo que es la vida.
La juventud también se la puede determinar como un momento social de nuestra vida. 
Se trata de la etapa en las que se crean significados y valoraciones a la existencia. La juventud es un momento especial donde las actitudes se pueden potenciar, es el momento de definir lo que moverá el destino, es la etapa de vida en las que se asientan las bases para inclusiones en la etapa de adulto. Es decir, lo que queremos que seamos en el futuro. En la juventud es cuando nace el amor, que es una pasión humana y un hermoso sentimiento, que tiene vivencia personales para plasmar todo en realidad, las relaciones con la cual nos involucramos, porque el amor no es natural, si no cultural, porque aprendemos que hay forma de cortejar, coquetear, seducir y aprendemos a la vez, a valorar lo físico, los atributos, como también los defectos de las relaciones humanas. 
Juventud yo te observo desde mis pasados años, bulliciosa, alegre, sin problemas agudos que resolver, idealista y soñador. 
 
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