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La amistad por sobre el tiempo
La amistad por sobre el tiempo
Por: Childerico Cevallos
chcevallos@eldiario.ec

Lunes 01 Abril 2013 | 00:00

Orlando, Florida.- Transcurrían los primeros días de marzo del año del señor de 1969 - del recientemente pasadito siglo -, cuando aterricé por primera vez en gringolandia, atraído por el imán de su grandeza y de sus infinitas cuanto riesgosas y engañosas oportunidades de progreso. La proposición de un amigo fue el propulsor del viaje. Su experiencia de más de un año en este suelo, supuestamente aseguraba mi permanencia por cerca de tres meses, al alcance de mi presupuesto.

 La suerte estuvo de mi montubio lado al lograr en el avión amistad con quien me ayudó a arrumbarme a esta ciudad de Orlando. La travesía desde Miami fue en bus; llena de expectación, curiosidad y nerviosismo. Primera vez fuera del país, sin conocer las costumbres y hablando el idioma de tal manera que ni yo me entendía, cómo no estar temeroso de lo que se venía.  Y aquello se justificó. Al llegar me percaté que había sido víctima de una peligrosa broma del "amigo":  Ni la dirección ni la supuesta familia con la que residiría existían.  Pero, como suele decirse comúnmente, no hay mal que por bien venga. Y las cosas buenas llegaron, casi de inmediato.  Aquello recordaba ahora con la familia americana que me "adoptó" hace apenas 44 añitos. Y mientras entrecruzábamos recuerdos, el cálido sol del medio día del domingo empezó a ceder a una creciente oscuridad que rápidamente se apoderó de todo, junto a torrencial lluvia y viento huracanado. La casa se estremeció, mientras afuera, en las edificaciones vecinas, los vidrios de algunas ventanas caían en pedazos y mecedoras y trampolines volaban.  Como llegó ... se fue. ¿Tormenta o huracán? Lo que fuera pasó de refilón, no así en otros lados donde arrancó algunos árboles y causó serios daños materiales.  Si bien no se repitió este fenómeno, la temperatura en los días posteriores ha estado bajas; incluso para algunos, como dijera Theo Rodríguez, representante de Ediasa en Nueva York, quien estuviera en Tampa y Orlando en unión de su hija Mónica, hace muchos años no se registraba en estos lares frío de tal naturaleza. Personalmente nunca antes lo había experimentado en la Florida. No resulta nada extraño mirar en los parques de diversiones gente armada y equipada contra la baja temperatura, contrariando la usual imagen de Florida de sol, playa y mar; y la de Orlando de calor para una mayor diversión abierta en sus famosos parques, como los de Disney World, Sea World, Universal Studies, entre otros. A modo de explicación: Extiendo las experiencias de estos viajes porque ayudan a formar la personalidad, pues entregan vivencias que suelen educar la mente y a expandir el alma.  En mi caso, comparto novedades, sobre todo en cuanto a la fortaleza que puede llegar a tener la amistad, como la generada hace cuatro décadas con Rae Clark y sus hijos Lucinda y Terry, especialmente, estructurada en sólido lazo de familiaridad espiritual tan comprometida como la de sangre.  Prejuicios raciales, religiones, costumbres, hábitos, idioma, posición social, política, económica, tendencias ideológicas solo forman parte de las tertulias, pues el promedio es el respeto, la fraternal relación y el cariño. 

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