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EL CULTO A LOS CARTONES
EL CULTO A LOS CARTONES
Por: Jorge Maldonado
jorge39936@gmail.com

Miércoles 27 Marzo 2013 | 00:00

Se ha desarrollado en estos años un exagerado culto a los títulos, a los cartones. Es un poco lo que ocurría en el siglo XVIII, con los títulos nobiliarios. Y como entonces se falsificaban esos títulos hasta que se inventó la forma de certificarlos, ahora se falsifican los títulos universitarios, particularmente los de cuarto nivel, procedentes de universidades del extranjero, según se comenta en los círculos profesionales.

Debe ser importante. Que un profesional haya cursado varios años adicionales para obtener el título de cuarto nivel, puede dar la idea de mayor amplitud y profundidad en los conocimientos especializados; pero de ninguna manera es una garantía de la calidad del profesional. La aplicación de esos conocimientos no depende solamente de su existencia, sino de otros valores intelectuales que se desarrollan a lo largo de la práctica profesional. Así mismo, debe existir otro profesional que sin ninguna especialización formal, ha utilizado su inteligencia y ha adquirido los mismos conocimientos a través de la investigación, del cuidadoso análisis de resultados, de la observación de respuestas a estímulos, y otros. En definitiva, no es el cartón, el título la garantía del nivel de capacitación de un profesional, sino sus valores intelectuales que son intrínsecos.

Entre los 900 profesores de la Universidad Central que han sido obligados a jubilarse, seguramente había muchos que acumulaban tanta experiencia, tanto conocimiento, que debieron ser invitados a seguir sirviendo la cátedra. Pero el cuadrado culto a los cartones hizo que las autoridades procedieran de manera poco práctica, dejando al centro de estudios en un verdadero problema para reemplazar a esos maestros. La experiencia es la mejor fuente de conocimientos y la calidad de éstos es mejor que cuando son adquiridos a través del estudio. Precisamente cuando los conocimientos son fruto de la experiencia, conducen a decisiones acertadas y permiten aplicar flexibilidad en cualquier procedimiento. Una mentalidad rígida, sometida a normas inflexibles, es resultado del culto a los títulos sin que acompañe la inteligencia para generar sabiduría. La vida nos enseña que solamente el análisis de las cualidades y valores individuales, puede permitir una valoración individual también; la aplicación de normas generales desvaloriza al hombre y lo ubica en condición de enredilamiento que no es condición adecuada para seres inteligentes. Esperemos que este exagerado culto a los cartones sea solamente una fiebre pasajera; que cuando los capos de esta revolución pasen, se pueda aprovechar los valores donde se hallen, aunque no tengan una guarnición de títulos y se sustenten en años de práctica y de experiencia que genera sabiduría. Finalmente, me parece que tampoco garantiza la calidad del establecimiento  educacional, la comparación con otros del extranjero, donde las condiciones generales son diferentes; nuestros valores son propios y seguramente en muchos de ellos, nuestras universidades serán mejores que las mejores del extranjero.
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