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La luz que abrió caminos
La luz que abrió caminos
Por: Vicente Mendoza Pavón

Lunes 25 Marzo 2013 | 00:00

Vino de lo más profundo del alma popular… y se marchó navegando en medio de una tempestad de lágrimas, de huracanados sollozos que arremetían contra el fantasmal acantilado del dolor.

Noche lóbrega donde el alma se pierde de la nada; noche de aterradora oscuridad donde lo único visible es la trágica orfandad de los sueños. Un vendaval de interrogantes hiere sin piedad la esperanza y la fe de los excluidos, de aquellos que exhiben como identidad el hambre y la desnudez, de los sentenciados a existir en el rincón de la soledad y la miseria.

¡Oh paradoja! Tu muerte reivindica la vida, fortalece los sueños, alumbra las auroras, muestra el camino de la libertad y fortalece la lucha por una vida humanamente digan. El derecho a ser nosotros mismos, a revelarnos contra toda injusticia, a vivir en paz, a romper las cadenas que nos esclavizan, a vivir en armonía con nuestra madre naturaleza, a integrarnos a la gran familia latinoamericana son, entre otros, tu gran legado. Fuiste y seguirás siendo el ejecutor de los sueños de Martí, Bolívar, Alfaro y el Che. ¡Nada hay tan grande en la vida de un hombre que su lucha por el bienestar de los demás!.
Retomaste con valor y profundo amor una tarea inconclusa: La independencia de las naciones latinoamericanas. Las batallas en las que participaste todos los días no produjo un solo muerto, no necesitaste bombardear a pueblos indefensos, no recurriste a la moderna tecnología militar para asesinar con aviones no tripulados a tus adversarios, como si lo hace el imperio brutal que nos considera su patio trasero y que persiste en su afán colonizador.  El arma poderosa fue tu inteligencia, tu innegable amor y solidaridad hacia tu pueblo, tus conocimientos de Historia y, especialmente, tu desvinculación total con los poderosos grupos -nacionales y extranjeros- que dominaron y saquearon tu Venezuela amada.  Como iba a perdonarte las transnacionales petroleras y sus lacayos venezolanos (traidores de su Patria) que el porcentaje mayor de utilidades ya no iba a parar a manos de ellas sino que iba a servir para sacar a tu patria de la más aberrante pobreza e inequidad? Esa fue la alarma que sonó en el corazón del imperio y, a partir de ese momento te convertiste en blanco de una campaña de difamación que no la tuvo Pinochet, Videla, Somoza, Batista y demás criminales, a pesar de que torturaron, desaparecieron y asesinaron a miles y miles de ciudadanos.
Los hombres de esta latitud reconocemos en ti al vanguardistas que abrió un nuevo camino; al que lo dio todo a cambio de nada, al que la conspiración mediática llamó asesino, cuando en verdad fuiste un férreo defensor de la vida, un hombre de estatura superior, y, sobre todo, ¡Oh comandante Chávez!, un gobernante profundamente cristiano. “Parecemos tan libres y ¡Estamos tan encadenados!”. (Robert Browning)
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