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¿Pendencias o diatribas?
¿Pendencias o diatribas?
Por: Luis Herrería
luisherreria@gye.satnet.net

Sábado 18 Agosto 2012 | 00:00

Existe la necesidad imperiosa de hacer una clara diferencia en las acepciones “pendencias” y “diatribas” para llegar a la comprensión de lo infamantes que resultan las primeras mediante discursos vertidos por algunos políticos ecuatorianos, quienes en las réplicas y contrarréplicas entre adversarios, utilizan las formas más viles, chapuceras y grotescas para debatir asuntos que no tienen atisbo de ética política y que tan solo enrostran sus veleidades con el afán de que sirvan como soporte para la consecución del poder que se les escapa, trastocando el fin de servicio a las masas con medios que sólo reflejan escasa pericia y sensatez en el uso idiomático de una lengua romance como el español, que parece no entienden resulta de una evolución del latín vulgar.

 

Es indignante que profanen las más elementales reglas del idioma, así como sus expresiones, que aún cuando  son irreverentes no deben llegar al plano de lo execrable y se prodigan en hacer gala de chabacanería para ejercitar una actividad como la política, respetable como ciencia y como arte, misma que durante siglos ha concitado la atención y el estudio profundo de cientos de filólogos en los más respetados centros académicos, en donde se aprende a resaltar las diferentes formas de expresión con que se destacan variados sistemas, como la democracia, la autocracia, el fascismo, el comunismo, la socialdemocracia, el liberalismo; incluyendo el esperpento manipulado por demagogos y que lo han fantaseado con el calificativo de “populismo”.
Las expresiones burdelescas de ese “populismo” sólo podrían ser admitidas en un antro de perversión, por lo que no resultan admisibles en un país como el Ecuador que, con buenos gobernantes podría ser un centro de cultura desde el que se irradie paz y educación. Sí, porque todavía es posible liberarse de los pendencieros que intentan someter al país bajo el oscuro manto de la ignominia.
Las diatribas, por el contrario, son otras. Como en la ocasión que en el siglo IV antes de Jesucristo, el orador ateniense Demóstenes se desahoga en contra del rey de Macedonia, expresando: “Filipo, hombre que no sólo no es griego, ni en nada afín a los griegos, y ni siquiera bárbaro de un país respetable, sino un apartado macedonio de un país que ni siquiera nos da un esclavo decoroso”. El astuto macedonio, que había sojuzgado Grecia, nunca le respondió. El hijo de Filipo, Alejandro, comenzó  con un equipo de ejercicios e ideas nunca igualados en valores excelsos. Hasta llegó a conquistar el antiguo y extenso imperio persa, una de sus partes hoy ocupada por la satrapía del terrorismo iraní.
Más, conforme fue alejándose de la sabiduría de su educación, que entre otros la cultivó Aristóteles, fue empezando a equivocarse y conducirse mal, a veces con insensatez peligrosa. El carácter triunfó sobre la educación.
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