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Clemente Orellana Sáenz

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Clemente Orellana Sáenz

El cáncer de tiroides

POR Clemente Orellana Sáenz

Lunes 13 Agosto 2012 | 00:00

A propósito del cáncer de tiroides que le afecta a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, dentro de una “ola” de cánceres que se han presentado en varios presidentes de América Latina, nadie puede explicar la causa de por qué se produce esta enfermedad, que constituye la “crónica de una muerte anunciada”.

 

El cáncer no respeta raza,condición social, edad, religión, partido político, sexo, afecta por igual a cualquier persona y tiene una prevalencia-incidencia que va en aumento cada década que pasa, sin conocer hasta ahora los mecanismos moleculares que producen el desarrollo incontrolado de células que pueden ser diferenciadas o no.
La glándula tiroides se localiza en el cuello en situación anterior a la tráquea, entre el cartílago cricoides y la escotadura yugular del esternón: consta de dos lóbulos conectados por un istmo, es como una “mariposa” que abraza a la traquea. Cuando crece decimos que existe un “bocio”, tan frecuente a lo largo de los Andes por carencia de yodo en el suelo y por consiguiente en los alimentos, lo que se conoce como desórdenes producidos por el déficit de yodo y que producen el cretinismo neurológico, mixedematoso y mixto.
En el Ecuador las enfermedades de la tiroides son muy frecuentes en la consulta del médico endocrinólogo, en el lapso de 8 meses he visto 500 pacientes con problemas de esta glándula, afecta a 7 mujeres en relación con un varón, por lo tanto el sexo es importante. El carcinoma de tiroides es la neoplasia maligna más frecuente del sistema endocrino. Los tumores diferenciados, como el cáncer papilar o el folicular, a menudo son curables y el pronóstico es bueno cuando el diagnóstico se lo hace en las primeras fases; en cambio el anaplásico o indiferenciado es mortal y el curso es muy agresivo. Dentro de los carcinomas bien diferenciados existen cinco tipos de cáncer papilar y cuatro entre los foliculares. El tratamiento consiste en extirpar toda la glándula (Tiroidectomia total), dejando la cápsula posterior para que las glándulas paratiroides no se afecten; la cirugía debe hacerlo un cirujano con mucha experiencia porque, de lo contrario, pueden lesionarse los nervios recurrentes y el paciente se queda sin voz. Después hay que hacer un Rastreo Corporal Total con yodo radiactivo 131 y dar 150 milicuries de yodo para eliminar todas las células tiroideas que el cirujano no ha podido eliminar; esto se hace cada 6 meses por tres años, hasta que no haya rastro de células.
Podemos dar hasta por cuatro veces la dosis de yodo radiactivo y nos ayudamos con la determinación de la tiroglobulina y Anticuerpos microsomales (Anti-TPO) para saber si hay todavía células de la tiroides. A los cinco años damos el alta al paciente y decimos que puede haber curación. Cuando una persona tiene bocio o nódulos es importante hacer la punción por aguja fina (PAAF) para saber si es benigno o maligno. 

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