Actualizado hace: 2 horas 27 minutos
Julio César Villacreses Guillem
La gratitud

Decir gracias es muy fácil, pero mantener el noble valor de la gratitud cada día se hace más difícil en la conducta de los seres humanos. Es indignante ser testigos como la ingratitud y la deslealtad ganan espacio en estos tiempos.

Lunes 30 Julio 2012 | 00:00

Esta sociedad consumista, cada día nos deshumaniza más, con el afán de ganar “espacios” atropellamos valores como: honestidad, transparencia en nuestros actos. La gratitud y lealtad debilitadas, normas de conducta que no tienen ideología política, pero que más se violan en la “derecha torcida”, en la “izquierda arribista y desclasada”, reproduciéndose con mayor violencia, la injusticia y las desviaciones de las clases dominante. 
Con más de medio siglo vivido, siempre he guardado gratitud con quienes dejaron una huella en mi vida; fuera de mis progenitores, daré siempre testimonio de mis maestros como fue el sacerdote José Ignacio Mendoza, ahora con 90 años. Respetó mi fe protestante, pero él me mostró el compromiso social del cristiano con los marginados; proféticamente, visualizó que el creador tenía un propósito para mi existencia, que se ha cumplido al mantener mi fe con mi ideología socialista. 
A Horacio Hidrovo Peñaherrera lo conocí desde mi infancia con su esposa Caperusa y a sus hijas; en mi casa se lo admiraba, mi padre nos leía a viva voz sus versos: Manzana para los niños del mundo. Ya en las aulas del Olmedo me llevó al mundo de la cultura, convirtiéndome desde mi adolescencia en activista cultural; y desde 1975 me he mantenido leal a ese legado; apoyando siempre a su obra mayor, el Festival Cultural Flor de Septiembre. 
Entre mis compañeros de lucha he tenido como mi hermano mayor a Patricio García Villavicencio, él me llevó a la militancia socialista, me presentó a Manuel Agustín Aguirre y al siempre recordado comandante Jorge Chiriboga Guerrero. En el PS que milito desde hace 35 años, conozco de la calidad humana del Dr. Víctor Granda Aguilar, quien no dudó en defender a mi padre cuando Solca Guayaquil pretendió manejar los recursos financieros de la institución manabita; o cuando la matriz de la Casa de la Cultura Ecuatoriana intentó desconocer la autonomía del núcleo manabita. Enrique Ayala Mora jamás ha dejado de apoyarnos para hacer realidad un sueño académico, teniendo en Portoviejo programas de la Universidad Andina. 
Dumar Iglesias Mata, cuando me lo presentaron y tuve que darle la mano pedí alcohol para desinfectarme, tanto era la satanización de sus adversarios que me habían prejuiciado, sin tratarlo. Ahora lo he llegado a conocer y valorar en su real dimensión, descubriendo su calidad humana, junto a su esposa Fellita. Lo más grande de Dumar, que él es el gran renovador de la Casa de la Cultura de Manabí, consagrando su vida al legado alfarista y a la institución.
Hoy renuevo mi compromiso con todos y otros que no he nombrado, guardo en mis recuerdos mi eterna gratitud.<
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