Actualizado hace: 6 horas 3 minutos
La marcha…
La marcha…
Por: Melvyn Herrera
melvynherrerac@hotmail.com

Lunes 23 Julio 2012 | 00:00

La marcha, la sexta demandando paz y seguridad, surgió espontánea con motivo del vil asesinato de mi compañero, chofer profesional, Lenín Chiriboga D. y la consecuente dolorosa afectación de su mujer y nieto en el execrable hecho. ¡A Manta y Manabí se nos colmó la paciencia!..

La tarde del último martes, en el Sindicato de Choferes de Manta, del que el difunto fue Secretario General y desde donde se proyectó a la presidencia de la Junta Cívica de la ciudad, nos reunimos con las autoridades de este puerto y la provincia los dirigentes de diversos gremios e instituciones y la gente de a pie, como mi esposa y este servidor, para cívicamente, con nuestra prendas superiores blancas y un crespón negro, con banderas blanquicelestes en mano dominando el ambiente, con pancartas alusivas al motivo de la marcha, con indignación y esperanza de días mejores, los que únicamente pueden existir con la paz y vida que reclamamos, nos reunimos – digo- para protestar y marchar, por la calle 13 y otras, en un recorrido que nos condujo hasta la Plaza Cívica en el malecón del puerto.
Fue ejemplar el comportamiento de mujeres y hombres de toda condición y de varios lugares de Manabí, que multitudinariamente marchamos a escuchar a los líderes del evento que antecedieron al ministro del Interior, quien con otras autoridades de la capital de la República y la provincia acudieron al acto. Las pocas intervenciones fueron bien traídas y coincidieron en demandar el derecho a la vida amenazada por los crímenes sufridos; también, destacaron lo que se estaba demostrando con esta marcha, la unidad de los manabitas, que sepulta así aquel fatal aforismo de “manabita come manabita”, como lo destacó uno de los oradores. Todos ellos con valentía concluyeron en que el ataque inmisericorde de la delincuencia debía llegar a su fin; se pidió el aporte de las Fuerzas Armadas para que con una incrementada y técnica policía acometan esta batalla de protección a la ciudadanía; urgentemente se demandó también una mejor fiscalía y una función judicial proba.
El alcalde de la ciudad, verbalmente y por escrito, hizo varios pedimentos al ministro, quien en su discurso, con lo que terminó la concentración, se comprometió a satisfacer las demandas ciudadanas proveyendo la paz y tranquilidad que resultan de la seguridad que el Estado está obligado a dar. Finalmente, vimos a algunas damas, desde el escenario, echando a volar unas cuantas palomas blancas símbolos de la paz; abajo, observando, nosotros los del pueblo, pensamos y deseamos que, como en cinco ocasiones anteriores, ojalá no vuelen al olvido -como esas palomas- esta vez, los ofrecimientos que escuchamos del ministro.
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