Actualizado hace: 7 horas 8 minutos
Oscar P. Mendoza
La cosa está jodida

Y como siempre la culpa es de la vaca, de la segunda más que de la primera. O quizás sea porque los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Huasipungo es inocente.

Viernes 20 Julio 2012 | 00:00


La cosa está jodida porque antes de beber el remedio se debe leer el diagnóstico, y no sabemos leer, menos una valoración social, histórica, filosófica, técnica o médica.
La cosa está jodida porque aunque supiéramos leer, pocas son las garantías de tener en la manos un diagnóstico confiable. De allí que la responsabilidad, y la tarea, de los intelectuales frente a nosotros, los vulgares, sea más grande de lo que ellos mismos la creen.
La cosa está jodida porque los intelectuales sólo han asumido la primera de sus responsabilidades, que según Noam Chomsky es ‘insistir en la verdad’, pero casi se han negado a la segunda ‘ver los sucesos en su perspectiva histórica’.
La cosa está jodida porque si nosotros, el vulgo, quisiéramos conocer la ‘perspectiva histórica’ de lo que sea en este ya pequeño mundo, no podríamos aunque quisiéramos. Para asumir una responsabilidad de este tamaño necesitamos libros, buenos libros, muchos libros.
La cosa está jodida porque en asunto de libros estamos en la era de hielo cuatro veces más fría. Según la UNESCO debe haber una librería por cada mil habitantes. Después de consultar a un matemático de una universidad X, perdón A, él afirma que si Manabí tiene un millón de habitantes, entonces la provincia debe tener 1000 librerías, eso arrojó el cálculo.
La cosa está jodida porque en Manta conozco siete, en Portoviejo cuatro, del resto no sé y no son ni grandes ni especializadas.
La cosa está jodida a menos que nosotros, el vulgo, aprendamos a leer. A leer comprensivamente, a comparar lo que comprendemos, a analizar lo que comparamos; y a asimilar lo que analizamos.
La cosa está jodida a menos que nos unamos a otros que quieren aprender a leer y juntos enseñemos a los que se inician en tan fantástica aventura. Tal vez no lleguemos a ser, parafraseando a Borges, ni grandes ni pequeños escritores, pero de seguro podemos ser grandes, muy grandes lectores. Empecemos por algún lado, recomiendo modestamente que sin dejar las grandes obras de todos los tiempos incorporemos en nuestra lectura diaria lo que Manabí a ofrendado al mundo.
O hacemos esto, o hacemos algo, o la cosa seguirá jodida. Usted decide. ¡Lean por favor!<

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