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El arte de vivir
El arte de vivir
Por: Fernando Naranjo-Villacís | fnaranjo@gye.satnet.net

Jueves 19 Julio 2012 | 00:00

Para vivir hemos nacido, pero no debemos hacer que la vida se convierta en una rutina infinita. La vida no es como una sola melodía, o un sólo cuadro. Para adentrarnos en el arte de vivir, es preciso actuar de manera intensa y crear una melodía especial, pintar un paisaje distinto en cada una de las etapas de nuestra jornada vital.


Cuántos recuerdos nos quedan de la infancia, con sus pequeñas diabluras, los primeros aprendizajes, juegos y travesuras. Imborrables perduran aquellos momentos únicos de nuestra inicial formación. Y así, la juventud, la adultez, con todas las ilusiones, responsabilidades y desafíos. Para arribar a la edad dorada, que constituye el resumen de todo lo vivido.
Qué decir o escribir cuando lleguemos al momento cumbre de nuestra vida. Ante lo expuesto, tengo para mí esta porfiada interrogante: ¿Y en qué momento transcurrieron todos estos años..? De pronto me veo con más de medio siglo a cuestas y sigo con este mismo traje de piel, que me acompaña desde mi niñez.
Recuerdo en mis años de colegio, me interesaba por tratar a personas de mayor edad. Al platicar con ellos, captaba sus testimonios de vida que me permitían aprender del caudal de sus experiencias. Acumulé muchos años con las enseñanzas adquiridas, que ahora son aleccionadoras añoranzas. Aprendí de sus valores humanos, para en algún momento calzar esa huella y avanzar por los caminos azarosos de la existencia.
Y es que todas las personas, por muy sabias o ignorantes, tienen algo para decir y compartir. Es de nuestro libre albedrío, adoptar lo más importante como valioso aporte para el futuro. Qué bueno haber encontrado en el trayecto a estas gentes de bien, muchos de ellos con quienes ni siquiera mucho hablé, pero observé, todo cuanto de instructivo me llegaba con su honestidad, trabajo, sencillez, buena vecindad, bondad, amabilidad, buen trato y honradez.
Aprendí, que para ser feliz no se necesita tener acumulada fortuna en el banco. El capital mayor, se encuentra en la interioridad de nuestro ser, allí está la caja fuerte para acceder a esa enorme riqueza, que se nos da en salud, conocimientos, alegría, amor, vitalidad, ilusión y libertad. Con esto se logra el placer auténtico que da felicidad.
Lo más sensato, es dejar de lado, las envidias, sufrimientos, odios y frustraciones, pues son estos maleficios que nos condenan a la vejez prematura y nos atrapan en tormentosas dolencias psicosomáticas. Apreciados lectores, les propongo este momento, para hacer la promesa optimista y trascendente, de construir una vida mejor, saludable y con prolongada juventud. Aún estamos a tiempo..!<

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