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La delincuencia
La delincuencia
Por: Jaime Enrique Vélez

Jueves 19 Julio 2012 | 00:00

La delincuencia no es ninguna novedad en este mundo, la historia en todas sus etapas está repleta de ella. Recapitulo mis memorias y noto que el hombre, como ser, está muy ligado a las fechorías; es más, si no existiera el individuo no habría delitos, y no estoy descubriendo nada extraordinario. A la delincuencia se la define: “Como un conjunto de infracciones de fuerte incidencia social cometidas contra el orden público”, debiéndose distinguir entre la delincuencia como tal y la criminología como ciencia social que estudia las motivaciones y circunstancias de los diversos delitos cometidos contra las personas o sus bienes.


Por este lado del mundo, nuestros países vecinos tienen formas comunes de transgresión, por ello siempre se habla que existen escuelas como las narco novelas, películas de sicariatos, prostitución y otros delitos que importamos los ecuatorianos, derivándose varios tipos de delincuencias que van desde la delincuencia cotidiana o delincuencia menor – que la justicia ecuatoriana la pasa casi desapercibida-, la delincuencia juvenil que es preocupante porque está inmersa allí nuestra juventud, también debemos considerar los abusos sexuales, los atentados a las personas; y ya en escala mayor el terrorismo, que por suerte no se ha propagado en el país, y el crimen organizado que es el que nos tiene estupefactos y asustados porque cada día se agiganta más y se vuelve imparable.
La delincuencia es un fenómeno que se desarrolla de acuerdo a la sociedad en que se desenvuelve, razón más que convincente para entender de talante axiomático que. De acuerdo a la modernidad de los conglomerados sociales, esta perturbación se torna más sofisticada y por ende peligrosa y temida en estos tiempos por el avance tecnológico del que disponemos, como son los teléfonos móviles, cámaras filmadoras y fotográficas sin dejar de considerar las armas de fuego de alto poder bélico, que son utilizadas para atracar y desmantelar el bien ajeno y también para asesinar hasta por encargo o venganza. 
Ante esta descripción realizada, y comparándola con nuestra actual realidad, los ciudadanos de esta patria vivimos bajo un entorno de miedo y terror que es alienable a la zozobra y sobresalto en que se desenvuelve la cotidianidad de nuestros días. Lejos están aquellas evocaciones de esa isla de paz en que vivíamos y que presumíamos ante el resto del mundo; nuestras casas se han convertido en cárceles porque lucen todas entretejidas de hierro. Señores gobernantes, en sus manos está el devolvernos la paz y el sosiego.<

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