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Jorge Maldonado

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J. Maldonado F.

El nuevo estilo

POR Jorge Maldonado

Miércoles 27 Junio 2012 | 00:00

Aunque sea nueva, es de pésimo gusto la forma como “animan” algunos programas musicales en determinadas radiodifusoras, pues el locutor pretende lucirse con chistes nada jocosos y referencias a sus compañeros y amigos que podrían ser picantes en otro ambiente, pero que en ése, que no tiene advertencias ni restricciones para los oyentes, resultan irrespetuosas y hasta ofensivas.

Es posible que determinados mensajes que recibe el locutor en que algún oyente sobrecalifica su voz, convenzan al sujeto de que es agradable escucharlo y  prolonga ese dudoso placer, más allá de la paciencia de los oyentes.
Con excepción de determinados programas que requieren explicaciones, los programas musicales que, con los de noticias son los más buscados por los oyentes, no deberían interrumpir las melodías, sino para transmitir propaganda (que paga el espacio) o para dar la hora e identificar la emisora.
Mientras menos hable el locutor, será mejor apreciado y recibido; debe hablar lo justo, lo apropiado, según el contenido del programa; tal vez en los programas musicales es necesaria alguna referencia al intérprete y/o al autor de la canción, al ambiente en que fue grabada, pero no más. Los excesos de los animadores de radio y de televisión los pagan y muy caro sus respectivas estaciones; y de ello se deriva el concepto que merece el conjunto en el país. Ése es el concepto que ha inducido la introducción en la Ley de Comunicación el control de contenidos, que se vuelve necesario precisamente para evitar esos abusos, para que los concesionarios de las frecuencias se preocupen un poco más y  no intercambien la corrección y el respeto al público por la novelería y, peor, la chabacanería.
En general, los medios de comunicación son y tienen que ser un referente en el uso del lenguaje ya oral, como en la radio y la televisión, ya escrito, en los periódicos y revistas; un referente en las buenas maneras, en la forma de tratar a los entrevistados, en la forma de sentarse y la presentación en televisión. Por novedoso que sea, un conductor de televisión no debe aparecer en ropa informal, salvo que conduzca un programa de deportes. No se debe olvidar que la televisión incorpora un poco de solemnidad a la comunicación social. Sobre todo las damitas en la televisión deberían evitar que el televidente sólo se preocupe por su imagen sensual y atractiva, porque no encuentra otros contenidos que admirar; eso sería humillante, pues quien cumple esa función, es un intermediario inteligente entre los hechos y el público.
En fin, señores y señoritas presentadores de radio, explotemos la calidad de los equipos que permiten una reproducción excelente del sonido y la calidad de las canciones, sin caer en los temas extravagantes que, tal vez, sólo le gustan a una o dos personas…

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