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Cecilia Zevallos Petroni

Homenaje póstumo al hombre planetario

POR EDITORIAL

Sábado 23 Junio 2012 | 00:00

Hoy, dicen que ha muerto el vate más grande de mi tierra: mi amigo, mi maestro en asuntos poéticos, el hombre planetario, o simplemente el hombre del pueblo, aquél que caminaba incansablemente recorriendo las calles de mi ciudad y con quien me tocó compartir muchas veces tertulias literarias. Su abrazo fraterno y su contagiosa sonrisa permanecerán grabados en mis recuerdos.

Me formé a través de su sabiduría, en el quehacer poético. Me inspiré en sus versos y le escribí un poema desde mi castillo de nieve, acá en el Québec, "¡Amigo, compañero mío! ¿A quién, sino a un hombre de la talla de Horacio, podría contarle mis tristezas, en mi exilio? ¿A quién más, sino al amigo que siempre extrajo de la tristeza un manojo de alegrías para los niños, los campesinos, los desposeídos, los exiliados?
Horacio, ahora recorrerá con más ímpetu la geografía de su pueblo, mezclándose en las saltarinas aguas de su río santanense. Las casitas de caña lo recibirán con emoción y dejarán oír su canto dedicado al montubio manabita. Los pájaros, los peces, los animales del bosque lo llevarán a sus reinos para que disfrute con ellos, de su magia. Horacio, compartirá su tiempo con todos, porque ahora sí, está declarado El Hombre Planetario, no solo con libertad de expresión, sino también con libertad etérea. Hoy, le crecieron alas y su bondad se expande sin límites por todos los rincones del planeta. Dicen que ha muerto Horacio, pero yo pienso que ha revivido con más intensidad. Un hombre que ha flameado siempre la espada de la paz y ha combatido en todas las batallas con su única arma -la Palabra -, no puede morir. ¡No morirá jamás!
Hoy, amigo Horacio, yo sé que te has ido de paseo, pues, tu voz ha crecido aun más, ha traspasado tu Montaña y tu canto suena cristalino en mis oídos. Yo, te declaro en pie de lucha, pues tus ideales se fructifican y se expanden por doquier. Ayer, me llegó una voz muy nítida, envuelta en el viento del sur  y me dijo: C e c i l i a, no atinaba a descifrar quien era, me impresionó mucho. Hoy, he recibido la noticia de que tu andabas en un viaje de reconocimiento sideral y, me he dicho: Horacio pasaba por aquí diciendo un simple -hasta pronto amiga-. Quiso regalarme su trino envuelto en noche y humo; en astro, en éter y en quantum. Llegó con una túnica color de tiempo, llegó a su hora predilecta para la eterna noche de bohemia. Amigo, me siento privilegiada por tu amistad, la que siempre  guardaré en el costado más frágil de mi ser - mi alma-. Hasta luego... Horacio.. <

 

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