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Xavier Cedeño G.

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Xavier Cedeño G.

Peripecias de un servidor público

POR Xavier Cedeño G.

Jueves 21 Junio 2012 | 00:00

Este es el caso de un servidor público de tantos que trabajan para una institución gubernamental. Son las 12 del día de un 31 de un mes cualquiera; ya están acreditando los pagos del mes en mi libreta de ahorros correspondiente a la institución en la cual trabajo, corro a cobrar el dinero y aterrorizado observo que lo que recibo apenas me queda para una semana de comida.


Empieza la odisea de todos los meses, ni siquiera me queda para cancelar las planillas de agua, energía eléctrica, teléfono, pasajes y viáticos de la escuela para los niños; y, lo más importante para la comida mensual. ¡Qué horror!, -me rasco la cabeza- ¿No sé qué hacer? Por más que invoco al santo de mi devoción, no me escucha ni atiende los pedidos, -me da coraje- a veces con muchas ganas de ser ateo.
Enseguida mis amigos y familiares más íntimos me ayudan y prestan, pero quedo endeudado con ellos moral y socialmente, me miran con pena y resignación por ser servidor público. Al momento en la desesperación vuelvo a pagar las deudas y hacer maravillas para pagarle a la señora de la tienda, al amigo del mercado que me fía verduras, frutas, pescado y cualquier cosa con tal de comer. La suerte me acompaña para ciertas cosas como la de vivir cera de la institución porque no pago bus diariamente, a ellos otros males me acechan: los niños y señora necesitan ya la revisión médica trimestral  -que hago- compro además unas pastillas para los nervios, migrañas y dolores musculares contraídos por la tensión diaria de luchar ante la vida.
Pienso además como harán aquellas personas que no trabajan –que duro- bendito seas querido Ecuador, gracias a todos los honorarios y buenos presidentes estamos así. Al otro día los compañeros de trabajo, me dicen que la institución amplió el crédito con el comisariato para sacar alimentos y medicinas. ¡Qué lindo!, pero lo malo no aumentaron el sueldo, -desesperante-, se aplica la ley de la oferta y la demanda, yo te doy y tú me das; y si no te vas al carajo…
La comida, está lejos de la mesa; ya ni de fideos se come, puesto que para la misma se necesita leche, mantequilla, papas, etc., y ni para eso alcanza; no obstante sea arroz y una tortilla de huevo, aunque haga daño para el colesterol, pues eso es lo mas barato y no alcanza para nada más.
Así pasan los días para muchos servidores públicos del país, a punta de arroz y cualquier cosa, mientras tanto todo sube y sube, menos los sueldos, llega el 25, 28 y 30; y llega nuevamente el fin de mes, van a pagar en el trabajo, ni nos alegramos, pues ya sabemos lo que viene en el bendito banco y a repetir lo mismo del mes pasado...<

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