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Inseguridad y puntos de inflexión
Inseguridad y puntos de inflexión
Por: Ricardo Trotti
info@ricardotrotti.com

Martes 07 Febrero 2012 | 00:00

La ley aprobada esta semana por el Congreso de Honduras con el objetivo de depurar a la Policía y acabar con sus mafias, no fue fruto de un proceso político o de la voluntad gubernamental como pregonan los políticos.

 

Se debió, más bien, a una reacción de hastío ciudadano ante la inseguridad pública que se profundizó cuando policías asesinaron a dos estudiantes universitarios en octubre pasado. Desde entonces, Julieta Castellanos, madre de una de las víctimas y rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, supo aglutinar esa irritación social contra el abuso policial y la ineficiencia de las autoridades para controlarla.
Esos crímenes fueron la gota que rebalsó el vaso, el punto de quiebre. La furia ciudadana generó consenso social en contra de la inseguridad, permitiendo que el presidente Porfirio Lobo iniciara la depuración de la policía, sorteando las presiones que paralizaron a gobiernos anteriores.
Los sociólogos coinciden que los puntos de quiebre o inflexión son provocados por detonantes que motivan grandes cambios culturales. El caso más palpable es la Primavera Árabe, originada por un vendedor ambulante en Túnez que, asqueado de los policías que le exigían sobornos continuos, decidió inmolarse en una plaza pública. De inmediato, ese hecho congregó la bronca social contra la opresión y el abuso, causando una revolución ciudadana imparable.
Pero no siempre este tipo de hechos, por graves que sean, provocan puntos de inflexión. En México, por ejemplo, en algún momento se pensó que las marchas por la paz del poeta Javier Sicilia para protestar por el asesinato de su hijo en marzo de 2011, generarían una ruptura y un cambio positivo. Las marchas tuvieron amplia repercusión, pero por motivos indescifrables no generaron un quiebre en la cultura.
Por eso creo que será muy difícil que tenga efecto positivo el reclamo que esta semana hicieron Mario Vargas Llosa, Salman Rushdie y Elena Poniatowska al presidente Felipe Calderón para que esclarezca más de 100 crímenes contra periodistas, todavía impunes. Quizá las autoridades y la sociedad recién se movilicen cuando asesinen a un periodista de un medio importante, como sucedió en Argentina y Brasil. Digo quizá, porque no sabemos qué ingredientes pueden llegar a tocar las fibras íntimas de una sociedad y provocar puntos de inflexión, como quedó demostrado con los casos de la rectora hondureña y del poeta mexicano; dos casos similares pero con resultados diferentes.
En Centroamérica, una de las regiones más violentas del mundo, tampoco resultan suficientes las incesantes cumbres presidenciales y las estrategias internacionales para reducir la inseguridad pública. Lamentablemente, lo que pareciera faltar, son hechos espontáneos que eleven el nivel de hastío y consenso social para exigir soluciones que las autoridades, como las de Honduras, no puedan evitar.
La experiencia indica que los puntos de inflexión, dolorosos muchas veces, estimulan grandes cambios sociales.
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