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El Diario en internet
El Diario en internet
Por: Jaime Enrique Vélez

Viernes 03 Febrero 2012 | 00:00

En su andar de cada día el hombre va buscando nuevos horizontes, va inventando y descubriendo bienes y acrecentando la progresión de servicios para mejorar nuestra calidad de vida, mejorar el tiempo y ampliar el nivel de nociones que poseemos.


Toda esa maravilla llamada tecnología, que es la suma de un grupo de teorías y técnicas que permiten el beneficio práctico del conocimiento científico puesta al servicio del   hombre, cuando es racionalmente utilizada es un prodigio. De lo dicho permítaseme dar testimonios reales.
En días pasados tuve la gran alegría, compartida ufanamente con los míos, de salir en una página de El Diario en un reseña de mis visitas diarias al cementerio por 22 años consecutivos. Aquél domingo que circuló la nota recibí una llamada telefónica, casi en la madrugada, desde Barcelona, España. Era Karlita María, mi sobrina, que muy eufórica leyó El Diario en la ciudad Condal, y nos llamaba para compartir su gran gozo de ver a su familiar en el rotativo a través del internet y enterarse de lo que ocurre en su tierra natal.
Por otra parte, una noche sabatina salía de oír misa, de pronto en la calle me encuentro con un viejo amigo que formaba parte de nuestra gallada juvenil; nos veíamos como a los 12 años,  nos saludamos y entre otras cosas me contó que él vive en Gibraltar, en la zona austral de la península ibérica. Me sorprendió gratamente cuando me dijo que en ese lejano lugar él lee mis comentarios que publica El Diario en internet, y conoce las noticias y hechos ocurridos.
Ante estos relatos que son hermosos hechos de vida, nuestro Diario juega un papel elevado; se convierte en el instrumento trascendente para unir a las familias separadas por la diáspora socioeconómica que azota al Ecuador. Este periódico es el ceñido vínculo que a diario, más allá de informar, colma de esperanzas y alivia las saudades de esos bravos que partieron allende de nuestras fronteras. Es el calor humano expelido en sus notas, aunque estas sean leídas en una fría computadora; es un jirón, un pedazo de nuestro suelo que llega religiosamente a los más lejos lugares del mundo donde se encuentre un compatriota, un manabita, para acercarlo a los suyos, para retrotraerlo vivencialmente, hacerlo sentir que no está olvidado, que aún sigue siendo nuestro.
Afín a lo aquí dicho, le muestro mis  elogios a El Diario por el  reconocimiento que le hizo la Unión Nacional de Periodistas del Ecuador, de este triunfo nos sentimos orgullosos los que colaboramos con él. Este logro agranda y laurea a Manabí como sede del periódico premiado; y es una galardón a sus 78 años de trabajo con altivez y seriedad en sus enunciados. Mis reconocimientos para el Ing. Childerico Cevallos, de quien guardo gratos recuerdos como mi profesor secundario y ahora como mi buen amigo consuetudinario.<

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