Actualizado hace: 21 minutos
Juan Fernando Andrade
MONTAJE

La chica del dragón tatuado GENERO: Suspenso ACTORES: Daniel Craig, Rooney Mara, Stellan Skarsgard, Robin Wright.

Lunes 30 Enero 2012 | 00:00


Hay algo que nunca entendí y a estas alturas creo que nunca entenderé: el éxito mundial de Millennium, la saga policial escrita por el sueco Stieg Larsson. Vendió millones de ejemplares pero también, a diferencia de la mayoría de best sellers, obtuvo la venia casi unánime de los intelectuales más influyentes. Vargas Llosa, por ejemplo, dijo que en estos libros “Suecia aparece como una sucursal del infierno” y que sus personajes están “perfectamente definidos”. 

 

Hace aun año, cuando se estrenó en Quito la película sueca basada en La chica del dragón tatuado(traducida al español como Los hombres que no amaban a las mujeres), el primer volumen de la trilogía, leí la novela antes de ir al cine. Me pareció, sin ánimo de ofender, escrita con números para unir con líneas, mecánica, explicativa hasta el exceso como para que ni el lector más distraído se pierda del menor detalle, eliminando con tanta amabilidad el factor sorpresa, acaso lo más importante en una historia de misterio. La película, fiel hasta cuando no debía, sufría por lo tanto de los mismos males y cargaba con un agravante, en la pantalla los diálogos largos y descriptivos no funcionan ni se digieren de la misma forma que en las páginas. Hoy, después de ver la versión norteamericana dirigida por David Fincher (director de una de las mejores películas del 2010 y de cualquier otro año, La red social), tengo esa misma sensación, esta vez con mejor música –la dupla Trent Reznor/Atticus Ross parece imbatible– con un trabajo fotográfico digno del Oscar al que está nominado y con una Rooney Mara tan perforada, anoréxica y excitada como Noomi Rapace, la actriz sueca que hizo el mismo papel en la versión original: ambas se apoderaron de Lisbeth Salander, la hacker prodigio y dark que todo lo sufre y todo lo puede en los libros. 

 

Mi única conclusión es que el gran público –y el pequeño también– aún se deja seducir por los grandes temas, y Millennium los tiene de sobra. Nazis antisemitas (valga la redundancia), fanatismo religioso convertido en violencia contra los indefensos, gente tan poderosa como corrupta, secretos guardados en frágiles bóvedas virtuales, la sociedad podrida con la que sueñan tantos escritores y la dosis suficiente de esperanza, sólo un poco, para seguir leyendo. Escrito esto y después de haber visto lo bien recibido que ha sido el cover de Fincher, acepto que estoy prácticamente sólo en mi opinión, pero la soledad no es necesariamente mala y puede que en este caso hasta sea una cuestión de principios.<

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