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Centenario de una barbarie
Centenario de una barbarie
Por: Kerly Gutiérrez Cevallos
kelly_ma93@hotmail.com

Sábado 28 Enero 2012 | 00:00

Un 28 de enero de 1912 muere una de las más fuertes personalidades que han guiado al pueblo ecuatoriano, tanto por las transformaciones ideológicas que logró como por las obras que realizó: El General Eloy Alfaro Delgado, patriota ecuatoriano, orgullosamente manabita.

 

Los ideales del viejo luchador, muchos de los cuales aún son aspiraciones de las generaciones actuales, lo llevaron al holocausto.  Es preciso entonces, preguntaros ¿Por qué fue víctima de la impunidad de este acontecimiento inhumano?, ¿Cómo pudiera explicarse que los poderes públicos, las autoridades civiles y militares no hayan impedido la masacre que rememoramos? Pues en Quito, en Guayaquil  y en otras ciudades se efectuaron manifestaciones que indicaron claramente la intención de eliminar a elementos que  la debilidad de las autoridades del gobierno, liberales traidores, conservadores, y medios de comunicación cargan de enormes responsabilidades, inculpándolos como los causantes de muchos desastres. La conmoción por aquel atentado hizo crecer la ola de indignación popular e inmediatamente, el crimen, y la barbarie se dieron la mano con el pueblo quiteño, y juntos escribieron una de las páginas más vergonzosas de la historia del país, siendo el General un líder que luchó por el bienestar de la sociedad, como bien lo señala él en uno de sus pensamientos: “Nada soy, nada valgo, nada pretendo, nada quiero para mí, todo para vosotros, que sois el pueblo que se ha hecho digno de ser libre”. Sin embargo, no corresponde a la venganza popular armarse del puñal para ir a saciar su furia; corresponde a la más alta conquista del derecho, las garantías individuales, el no ser condenado sin juicio previo y el derecho a la vida.  Porque  la más sublime de las aspiraciones humanas, está encarnada en la exaltación de la justicia, y solamente a ella pertenece el juzgamiento y la sanción; es la única que debe expresar la palabra que redime o el veredicto que condena.  Mataron al general, es verdad, porque su cuerpo quedó inerte y luego las manos criminales lo desintegraron, pero ni aún reduciendo su cuerpo a cenizas, borrarán su nombre que ha constituido a la inmortalidad del protagonista de la revolución liberal. Con gran despliegue, el mundo global nos habla de la perseverancia como un valor descubierto, todas las éticas reafirman la necesidad de formar un hombre honesto, pero Alfaro no necesitó llegar al siglo XXI para demostrarnos la importancia de estos extraordinarios valores humanos. Ellos son su gloria. Son tantos los valores que caracterizan a Eloy Alfaro, con los cuales vigoriza la fé en su ideal, la suprema convicción de que triunfará.  <
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