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Cien años después
Cien años después
Por: Lilian Alarcón Durán

Miércoles 25 Enero 2012 | 00:00

El 28 de enero de 1912 en el panóptico de Quito, capital del país, murió asesinado don Eloy Alfaro Delgado junto a sus hermanos, Flavio y Medardo, Luciano Coral, Ulpiano Páez y Manuel Serrano. Su cuerpo fue mutilado, arrastrado por las calles y finalmente incinerado en el parque el Ejido, en un acto que ha merecido el desprecio y rechazo histórico del pueblo ecuatoriano. “La Hoguera Bárbara”, como la llamó Alfredo Pareja Diezcanseco, marcó un antes y un después en la memoria colectiva de los ecuatorianos. Recordar esa época es revivir la Revolución Alfarista con Don Eloy a la cabeza, es además recordar de manera extensa las condiciones políticas, sociales, y culturales del Ecuador de entonces: Los exceptuados y relegados se convirtieron en ciudadanos con derechos civiles y políticos, creó el Registro Civil, eliminó el concertaje, nos dejó una educación para todos y todas, laica y gratuita.


Reivindicó a la mujer, fundó la Escuela de Artes y Oficios y la Escuela de Bellas Artes. Profesionalizó las Fuerzas Armadas. Integró la Costa con la Sierra a través del ferrocarril y concibió al Ecuador como parte de una gran nación, de una comunidad internacional soberana e independiente. Pero sobre todo, el “Poeta de la Espada” (como lo llamó Vargas Vila), nos legó un sentido distinto del ser patriota y ciudadano. Nos heredó un país de derechos y libertades. Ya lo decía con frecuencia y absoluta claridad: “La libertad no se implora de rodillas, se conquista en los campos de batalla”.
Eloy Alfaro Delgado es uno de los cimientos fundamentales en los que se asienta la profunda vocación democrática de los ecuatorianos y ecuatorianas. Conmemorar los 100 años de su atroz asesinato es una manera de recuperar sus sueños, sus ideales, sus logros, su lucha, su espíritu revolucionario; es apreciar en toda su magnitud los frutos de la Revolución Alfarista.
Procuremos entonces, honrar al “mejor ecuatoriano” de todos los tiempos, como ejemplo para todos y todas los que creemos en una patria grande, equitativa y con derechos. Que esta evocación sea la oportunidad para reafirmar nuestra certeza y necesidad de cambios ineludibles para el país y renovar ímpetu para continuar en la lucha por un Ecuador mejor.<

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