Actualizado hace: 27 minutos
Montaje el cine al día / Juan Fernando Andrade
Las aventuras de Tintín

El clásico personaje de historietas europeas, creado en Bélgica y cuya primera revista se publicó en 1930, ha vuelto en versión siglo XXI, totalmente digitalizado, en 3D y llevado de la mano por nada más y nada menos que Peter Jackson y Steven Spielberg. La mala noticia es que todo esto parece una simple excusa para producir, como sólo Hollywood puede hacerlo, un sorprendente espectáculo visual, a ratos tan exacto a la realidad que causa escalofríos.

Domingo 15 Enero 2012 | 00:00

Al ver a Tintín, lo primero que pensé fue “es real, es un actor de verdad, ¿no era esta una película animada?”, y pasé de la sorpresa al temor casi inmediatamente. El look del joven y aventurero periodista no es divertido o por lo menos a mí no me pareció divertido (¿lo será para los niños?), pues lejos de ser la interpretación de una caricatura es la reproducción prácticamente exacta de un ser humano, ¿no sería mejor usar un actor? En todo caso, debo confesar que eso me distrajo durante toda la película, que nunca terminé de creerme al personaje principal, que no la pasé bien. Tintín me pareció básico y molesto, un fastidioso sabelotodo que se encarga de preguntar y responder, en voz alta, todo lo que debería preguntar y responder la historia por sí sola, los espectadores no somos tan tontos, ¿o sí? El único personaje con matices de persona, que no llega a ser entrañable pero lo intenta, es el Capitán Haddock, un marinero ebrio –gran borracho, respetuoso y fiel a su vicio– que es el último eslabón de una temeraria estirpe de marineros. Haddock tiene problemas y debilidades como cualquiera, se cuestiona, se equivoca, y de no ser por él todo esto sería, valga la redundancia, una caricatura. En la búsqueda de un tesoro escondido en las profundidades más oscuras del océano, Tintín y el Capitán Haddock se enfrentan al malvado y codicioso Rackham, quien va por el oro y también por una venganza personal. Las secuencias de acción son francamente impresionantes y es probable que no se hubiesen logrado sin la ayuda de la animación, pero valía la pena intentarlo.
 
En el plano sentimental del cine, Tintín es un paso hacia atrás aún cuando se trate de una adaptación. Las películas animadas, desde el Rey León hasta Toy Story (pasando por el logro que fue Monsters Inc., la inolvidable Cómo entrenar a tu Dragón y esa auténtica joya que es Ratatouille) han logrado mucho más que sorprendernos con sus colores, han logrado movernos algo adentro y hacernos sentir parte de una misma historia, nos han emocionando. Y con Tintín ese no es el caso.
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