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Para que no les suceda…
Para que no les suceda…
Por: Melvyn Herrera
melvynherrerac@hotmail.com

Lunes 09 Enero 2012 | 00:00

Parecería pueril lo que les voy a contar, pero lo hago con el objeto de que no les suceda lo que a un gran amigo y aunque no lo crean, también estuvo a punto de acontecerme, conociendo luego que hay otras personas que han caído en la tramoya.

Este amigo, cuyo nombre si lo doy me costaría su cara amistad, circulaba en su vehículo americano de una década de antigüedad por la Av. Metropolitana de Montecristi, cuando un tipo le hizo señas manuales señalando una rueda delantera del automotor; un poco más allá, otro realizó lo mismo con más énfasis; esto hizo a mi amigo detener su auto sobre la derecha y bajar a revisar lo que le anunciaban; ahí fue alcanzado por el último personaje mencionado, quien como mecánico, muy comedidamente se introdujo bajo el tren delantero del auto y dictaminó un peligroso daño en el sistema de dirección que debía ser reparado de inmediato, ya que impedía la continuación del viaje.
Mi amigo, impresionado y agradecido, aceptó la gestión a la que ya se había unido otro personaje en calidad de ayudante, proveyendo ellos con gran rapidez, los terminales de la dirección que requerían ser reemplazados para seguridad del conductor. Realizado el trabajo, su valor con los repuestos ascendía a una cifra de casi $ 200 dólares, los que mi amigo no los portaba, por lo que trajo a uno de los tipos a Manta a retirar del banco dicha suma; ya pagado y retornado a Montecristi con los agradecimientos del caso terminó el asunto en ese momento. Enterados del tema, a mi amigo le planteamos dudas, las que despejó su mecánico habitual en Portoviejo, al comprobar que ningún cambio de piezas había ocurrido; ¿qué tal?
Después, en Manta, manejando yo un carro del año, un tipo me señaló la rueda delantera derecha; avanzados unos metros más, lo mismo hizo otro sujeto, por lo que instintivamente me arrimé a la acera y me aprestaba a bajar cuando una dama, desde al frente, me señaló, pero la rueda delantera izquierda, lo que “no rimaba” con los dos anteriores; esto me alertó y no descendí sino que miré a los contornos y di retro para ingresar a una vulcanizadora de la cercanía; lo hice con las precauciones del caso y con los operarios comprobamos que absolutamente de nada adolecía mi vehículo; recordé entonces lo sucedido a mi amigo y que estuvo a punto de acontecerme; lo relaté a los mecánicos y ellos sabían ya de algunos casos similares.

Pues ahora lo saben ustedes generosos lectores y espero que llegue a conocimiento de las autoridades para que prevengan y sancionen este tipo de “ingenios” delictivos, que se unen al lanzamiento de huevos a los parabrisas, para que, al accionar las plumas y quedarnos sin visibilidad, proceder a la penetración de algún delito. Bien, he cumplido con advertirles el asunto… De nada… 

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