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Enrique Delgado Coppiano

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Enrique Delgado Coppiano

Otra vez, inflación dolarizada

POR Enrique Delgado Coppiano

Sábado 03 Diciembre 2011 | 00:00

No se puede dejar de repetir que los procesos inflacionarios que derivan en una escalada de precios intermitentes es el peor impuesto que pagan los que menos tienen o ganan, pues el presupuesto de vida diario se altera de manera incontrolable.

Recordemos brevemente lo que ocurrió meses antes de la dolarización en el Ecuador: los intereses bancarios llegaron hasta el 160% anual, y cada jefe de hogar, más mujeres que hombres, no sabían si los sucres devaluados que tenían en las manos les bastaban para comer ese día  junto a su familia.

Llegó la grave situación del malhadado feriado bancario, el perjuicio inicuo a miles de ecuatorianos, que a algunos los llevó hasta el suicidio, muchos culpables y muy pocos sancionados. Y apareció en eso, como tabla de salvación, dijeron, el proceso de dolarización, con terrible impacto que licuó lo poco que teníamos y con éste gran sacrificio de todo el pueblo ecuatoriano se siguió trabajando, y tratando de no cejar  en creer todavía en un Ecuador posible, que podía llegar a ser próspero y justo con todos. La dolarización, ya avanzado el proceso,  devolvió seguridad al sueldo del asalariado, al inversor, al sector productivo, que sabía que lo poco ganado, aunque no fuera mucho, era dinero seguro en sus manos: se restableció la seguridad en las operaciones financieras y los ecuatorianos que menos ganan comenzaron a tener la posibilidad de obtener créditos para comprar la pequeña o mediana casa, los artículos que antes eran una quimera poder adquirirlos, las casas comerciales y sus clientes tenían la seguridad de que los intereses pactados eran duraderos; inclusive las cuentas fiscales se sinceraron y el país recuperó confianza propia, y dentro del concierto internacional. No hago una apología de la dolarización, pero fue una medida que restableció el creer en la economía nacional, que podemos decir es una fórmula mixta entre lo estatal y privado. Si el sistema se consideró  positivo, no se lo debe atacar. Hoy se aplica un impuesto a la salida de dólares del país (5%), esto equivale a una devaluación del signo monetario, pues limita el ingreso de dólares en capitales legales al país, pues cualquier inversionista no lo hará si conoce que al sacarlos valdrán menos con el impuesto señalado. Las compras al exterior costarán más, y como el 50% de lo que utilizamos es importado, pues todo aquello que no producimos será más caro: tecnología actualizada, celulares, computadoras, CKD, línea blanca, medicinas, y miles de otros artículos de uso indispensable. Dígase lo que se diga,  su nuevo precio se trasladará al consumidor. No es posible que en pleno auge de un precio alto del petróleo se nos impongan nuevas cargas tributarias.   

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