Actualizado hace: 5 horas 17 minutos
Las ansias del poder
Las ansias del poder
Por: Childerico Cevallos
chcevallos@eldiario.ec

Domingo 24 Julio 2011 | 00:00

Las lecciones que el tiempo nos ha dado no han servido de nada, pues haciendo gala de aquello de que: “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, continuamos enrareciendo la atmósfera social.


Atmósfera social en la que el más fuerte seguirá abusando del más débil, ley natural que el hombre puede modificar si se lo propusiera, pues nació con el don de la inteligencia, proporcionada por el Ser Supremo para distinguirse del resto de los animales, aunque, insistentemente, intentemos parecernos a ese resto, e imprudentemente -algunos- hasta superarlo.
Hasta superarlo, como pareciera haber sucedido cuando los Estados Unidos de Norteamérica, para mantener el dominio del mundo, se erigió en vigilante internacional supuestamente para defender las libertades del hombre.
Libertades del hombre que empezaron a ser vulneradas a partir del fatídico 11 de septiembre del 2001 (11-S), cuando el entonces presidente George W. Bush inició una persecución implacable contra todo lo que pareciera peligroso para esa nación, irrespetando doctrinas y principios que tradicionalmente habían sido sus baluartes para merecer el respeto y la admiración mundial.
Admiración mundial que fue perdiendo cuando coartó la libertad de prensa, arremetió contra los derechos humanos, desconoció las libertades individuales y acrecentó sentimientos de odios entre sus propios ciudadanos, causando temor entre los colectivos minoritarios.
Colectivos minoritarios que aun sufren los estragos de la psicosis de peligro, cuya acción mayor fue la invasión a Irak que realizó desconociendo a las Naciones Unidas y bajo el supuesto de la amenaza química que representaba ese país. Mucho ha sufrido la humanidad por esa guerra sin razón, pues la excusa esgrimida para emprenderla ha sido plenamente desmentida.
Plenamente desmentida, corroborándose con ello que actuó por conveniencia, para beneficio de su popularidad. ¿Y el mundo?, ¡al carajo! Algo parecido sucede en Ecuador desde hace buen rato. Se erige un imperio en el que se pregona e impone pensamientos y opiniones convenientes a la perennización en el poder de una corriente política que ha ahondado las diferencias sociales en el país.
País en el que, para  lograr los fines dominantes, se infunde odio contra quienes se atreven a desafiar el supuesto cambio programado, degradándose la personalidad de aquellos opuestos al movimiento totalitario, contra quienes a ratos se endilgan acusaciones que pueden fácilmente cofundirse con insinuaciones a agresiones, a la vez que se los pretende ridiculizar por criticar el estilo de gobernar.
Estilo de gobernar que, de no haber corrección, pudiera quebrantar la paciencia y tolerancia de los afectados, porque la modalidad escogida contra ellos es la amenaza del desempleo, fácil de aplicar cuando se domina todas vitales funciones del Estado, señal del poder total, que ya está demostrando que tener,  para conveniencia partidista, para beneficio sectorial.
Sectorial, porque, la unidad del país, ¡al carajo! Y la gente sigue abstraída por el canto de sirena, por la sonrisa de Damián.<

  • ¿Qué te pareció la noticia?
  • Buena
  • Regular
  • Mala

Recomendadas para ti: