Actualizado hace: 2 horas 52 minutos
Fernando Macías Pinargote | E-mail: fernandopiec@yahoo.com
La otra droga
Fernando Macías Pinargote

No recuerdo quién lo dijo, pero lo dijo: “Si la guerra nace en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres en donde deben sembrarse las semillas de la paz”. Si creemos en esa frase –yo si creo- destruir inmensas cantidades de plantaciones de coca resultaría un acto coyuntural. Por cada millón de hectáreas que se destruyan, tres millones más se sembrarán en cualquier sitio. Porque en este caso, para desgracia de la juventud, se cumple aquello de que hierba mala no muere.

Jueves 28 Diciembre 2006 | 20:44

Pero a pesar de creer en la frase –y yo si creo- olvidamos a menudo cuál es la otra droga, la que no nace desde la tierra y cuyas consecuencias son tristemente devastadoras y explotan cada día en el cerebro de las nuevas generaciones. Y esa droga se genera en los países llamados desarrollados, pero el productor más grande y exitoso es Estados Unidos. Recuerdo mucho una noticia de la década del 80 que resumía el caso de un niño que entró al cuarto de sus padres mientras estos dormían, abrió la llave del gas y luego cerró la puerta y echó seguro desde afuera. Los padres murieron asfixiados. Las investigaciones posteriores determinaron que el niño, antes del hecho, había estado observando una película cuyas escenas se parecían mucho a lo ocurrido. Cuando unos adolescentes locos y resentidos atacaron a bala a maestros y estudiantes en una escuela de Texas, y luego ocurrió algo parecido en otro estado de USA, con un saldo altísimo de muertos y heridos, la sociedad norteamericana pidió al entonces Presidente Clinton prohibir las películas y los juegos violentos para niños. El mandatario pidió –no exigió- que Hollywood parara la mano. La meca del cine paró por un tiempo. Incluso después del caso de las torres gemelas, condolidos por la alta afección moral que sufría el pueblo de los Estados Unidos, los cines de esa nación dejaron de proyectar por un lapso películas violentas. “Cuéntese el número de muertos de una semana de televisión, y se comprenderá por qué los Estados Unidos están enfermos”. La frase lapidaria corresponde al periodista mexicano Roberto Blanco. Esta plaga llamada por alguien “Educación para la muerte”, que Estados Unidos genera y que provoca ganancias incalculables, sacude al país más influyente del mundo, pero afecta también a otros países, principalmente a aquellos llamados subdesarrollados. El objetivo es el mismo: exaltar la violencia, sembrarla como opción número uno en la mente de niños y jóvenes. El negocio es redondo y los muertos no importan. Luchar contra la droga externa, que se sintetiza en la destrucción de grandes extensiones de tierra sembradas de coca y marihuana, pudiera parecer un gesto positivo del presidente colombiano, que de esta manera justifica el apoyo norteamericano. Pero si existe un plan Colombia, debería existir un plan Estados Unidos, que consistiría en una estrategia para luchar contra esa otra droga que embrutece la mente de las nuevas generaciones y crea las condiciones para violencias incontables e incomprensibles.
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