Actualizado hace: 3 horas 44 minutos
Revolución para libertad
Revolución para libertad
Por: Luis Herrería
luisherreria@gye.satnet.net

Sábado 09 Julio 2011 | 00:00

EXLa guerra de la independencia norteamericana a finales del siglo XVIII, fue la gran ruptura con el sistema de monarquías y cancillerías europeas, así como el repudio por una nueva colectividad del patrón maquiavélico que operaba desde el siglo XVI y que hasta entonces venía informando la política europea. Una segunda y más portentosa revolución contra aquel extraño juego de grandes potencias que obsesionaba a Europa se desarrolló en Francia, en el nido y hogar de la monarquía personal, en el corazón y centro mismo del viejo continente.


Le revolución francesa del 14 de Julio de 1.789 significó el paso obligado del feudalismo al incipiente capitalismo; cambio de época para el desarrollo de las libertades que han imprimido su sello en la historia de los pueblos y que ha servido para que los hombres puedan discernir sobre el camino que les sea más favorable para su desarrollo material e intelectual. En vía contraria se ubicaron y todavía unos pocos se ubican con los aspirantes a hechiceros cargados de pócimas extrañas que intentaron e intentan vender la falsa idea de que ellos son los guías de una demagógica expresión que les dio por llamar época de cambio, que ha servido únicamente para el aumento de la delincuencia común, del desempleo de los ciudadanos y de la corrupción descarnada de los funcionarios públicos, no siendo más que autocracias con ropaje constitucional.
Le revolución francesa puede atribuirse, fundamentalmente, a los absurdos y codicias de la monarquía, por lo que los “sans-cullotes” – denominación con la que se identificaban las clases medias y bajas, junto a los indigentes de la sociedad francesa – conformaban el “tercer estado” que sirvió como título al panfleto del abate Emmanuel Joseph Sieyés y que dio al traste con el absolutismo del gobernante y los privilegios de sus ujieres.
Es que los proyectos ilusorios de grandeza, los propósitos y designios del gobernante absoluto, requerían de un presupuesto absolutamente desproporcionado con la capacidad de las arcas fiscales de la época. Sin contar que ya los esplendores de la monarquía absoluta eran enormemente costosos, en relación con la productividad nacional. En Francia, el primer movimiento de resistencia no fue contra el monarca como tal monarca, ni contra su política exterior como tal política, ni se tuvo una clara percepción de que uno y otra constituyesen la raíz del conflicto, sino simplemente contra los prejuicios y cargas que traían a la vida individual. La carga tributaria descansando directamente contra los no privilegiados era más pesada. En cambio, los aliados del gobernante eran los privilegiados y una de las causas de que se prolongue la manía del despilfarro, por lo que cuando vino al fin el momento crítico, la explosión fue violenta.
Son peligrosas coincidencias con las estrafalarias y nugatorias políticas adoptadas por los farsantes del inicuo “socialismo del siglo XXI”.

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