Actualizado hace: 41 minutos
Perdón, pero tengo que decirlo
Perdón, pero tengo que decirlo
Por: Ricardo de la Fuente

Jueves 07 Julio 2011 | 00:00

Agárrense, porque voy a decir algo terrible. Bueno, no voy a decirlo sino a escribirlo, pero, repito, es algo blasfemo, hereje, anacrónico; una frase chocante, desafiante, una idea subversiva, un concepto políticamente incorrecto.

Lo que voy expresar puede  costarme muy caro: que mi amiga Kerlly Torres no vuelva a saludarme nunca más;  que la Asamblea Nacional publique un comunicado condenándome,  que me prohíban la entrada a Ciudad Alfaro o que el Gran Hermano anuncie mi expulsión del país en la próxima cadena sabatina. Pero no importa; lo pienso y tengo que decirlo, así que ahí les va…

Yo creo que no está mal que los chicos trabajen.
Ya está. Ya lo dije. Y como hasta ahorita no pasa nada, voy a sustentar mi absurda idea. Yo pienso, queridos lectores, que el trabajo infantil debe ser no prohibido, sino estimulado en el seno de las familias trabajadoras, en especial aquellas que dependen de emprendimientos artesanales. Por supuesto, no estoy refiriéndome a un trabajo rudo, peligroso o esclavista, explotador y de doce horas diarias. Claro que no. Eso no está bien ni en las novelas de Dickens. Los niños tendrían que jugar y tienen que aprender, ir a la escuela y al colegio; en eso estamos de acuerdo. Pero cuando llegan a los 10, 12, 16 años, no veo nada malo en que ayuden a sus padres con un trabajo doméstico o a medio tiempo, al contrario, creo que está muy bien que lo hagan. 
“¿¡¡Pero por qué!!?”, gritará alguien mientras alza la primera piedra y yo, si tengo tiempo, le contestaré que me parece bien porque pasarán más horas con sus papás y hermanos, o en caso de que ayuden en algún taller irán ordenando su tiempo, ocupando sus mentes, aprendiendo un oficio y sentando las bases para conocer el valor del dinero y ganarse la vida honradamente y, sobre todo, con responsabilidad. 
Esto es importante, porque el desempleo tiene mucho que ver con la falta de destrezas y habilidades. Hagan una pequeña encuesta y verán que los que dicen que no hay trabajo, generalmente no saben hacer nada. Y que muchos de quienes hoy tienen fortuna trabajaron desde jovencitos. De ahí que se debe enseñar a leer, a escribir y a pensar, si, pero también se debería enseñar a trabajar porque como decía José Martí, prócer cubano, la escuela debía ser también huerto y taller.  Y yo estoy de acuerdo con eso, he dicho.
¡Uf, qué alivio!<
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