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La Indolencia
La Indolencia
Por: Teresa Loor Molina

Miércoles 06 Julio 2011 | 00:00

¿Estaremos los ecuatorianos, bañados por ese polvo de la burundanga (escopolamina) de la indolencia, que poco o nada nos importa nuestros semejantes? Los manabitas hacen alarde de ser hijos adoptivos del Alfaro, pero no lo demuestran. Nuestra inseguridad ha llegado a tal nivel que las bandas pasadas, como la del tuerto Palacio, Ponte, Panchito Cedeño, Briones, no llegan ni al tobillo de las actuales.


La falta de garantía a los exportadores, persecución a los empresarios, impuesto a la tierra (cuando en los Estados Unidos las personas integradas a la industria agropecuaria reciben un bono para que eleven la calidad del sistema alimentario), hacen que ningún ejecutivo quiera invertir en nuestro país, siendo estos quienes crean plazas de trabajo. Por lo tanto, el pueblo desocupado se enrola en negocios peligrosos. ¿Cómo es la justicia en el Ecuador?: el Juez dice que actúa apegado a Derecho.
Un ministro expresa que los manabitas nacemos con el síndrome del crimen. El gobierno manifiesta que cada día baja el auge delictivo, y es el gobierno el que se dedica a dar bajas a militares y policías, y muchas veces hasta encarcelarlos, cuando debería donarles habitaciones, para que no moren juntos a los malhechores; con un sueldo digno para que no usen transportes donde amedranten a sus hijos. Cuando ingresan a la entidad policial, ahí sí deben aplicar el detector de mentiras, para que no tengan cabida los alcohólicos y los que tienen problemas patológicos.
La explosión de la casa en la ciudad de  Manta, y luego el asesinato de unos de los dueños, el Jefe de la Policía y el Fiscal indican que la víctima no pidió protección. ¡Crimen de lesa humanidad! Qué ánimos tendría la víctima para eso al ver su casa desaparecida, los cuarenta televisores de sus clientes derretidos y estar amenazado de muerte. No sé cómo tenía fuerzas para recoger los desechos de su casa. Las autoridades, al ser las competentes, no le ofrecieron su respaldo o al menos asesorarlo, pues él sabía que si denunciaba más pronto lo exterminarían. Yo no sé quién inventó esa Ley de que un atraco no tiene legalidad si no se denuncia. Tiene doble filo. Yo me pregunto, ¿existiendo tantos asambleístas no pueden derogar esta ley, o por lo menos dictar una ley que nos proteja? Tenemos que solicitarles a las autoridades, llámense, Gobernadora, Intendente, Fiscal, Jefe de Policías, jueces, que observen que no solamente desaparecen vidas, que no solamente es el desamparo de las viudas, la orfandad de los niños sino la imagen de la ciudad, de la provincia, del país.
Aunque una dama muy respetable se ofendió porque se dijo que Manta era una de las ciudades más inseguras, no podemos cubrir el sol con un dedo. Si no observamos las imágenes pasaremos a integrar el grupo de los países más peligrosos de América y llevaremos a nuestros descendientes a una negativa insensibilidad.<

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