Actualizado hace: 1 hora 6 minutos
Criminalidad: emergencia nacional
Criminalidad: emergencia nacional
Por: Childerico Cevallos
chcevallos@eldiario.ec

Domingo 03 Julio 2011 | 00:00

¿Qué hacer para combatir la impunidad que solapa al crimen organizado en nuestra provincia? La osadía creciente indica su gradual pero seguro avance a la toma y posesión de los terrenos en que se encuentra y actúa. Como hincando raíces para elevar su tronco, enramarse y que broten nuevos frutos del mal. El uso de explosivos para atentar contra varias personas en Manta y el posterior regreso del asesino a culminar su execrable cometido es un ejemplo decidor del peligro que se cierne, inicialmente, en la ciudad puerto.


Ciudad puerto que, pocos días después, fuera conmocionada nuevamente por otro de esos asesinatos presentados en serie necrológica, en esta ocasión segando la vida de una maestra, de una  profesora universitaria que dejó de existir por la infame acción de uno de esos enfermos que libremente circulan como mensajeros de la muerte, sembrando desgracia, luto y desesperación en la comunidad manabita.
Comunidad manabita desconcertada porque la ola delictiva sangrienta para el sector oficial es  apenas una simple “percepción” popular cuando no una reacción por “ajustes de cuentas” entre facinerosos, respuestas consideradas más bien como muletillas para  excusar la poca eficiencia en el combate a la delincuencia. Y no solamente en Manta y Manabí, sino en todo el país.
País en el que sus habitantes están siendo acostumbrados a llorar sus muertos antes de disfrutar la vida en familia; a dudar del prójimo antes de creer en él; a lamer impotencias antes de celebrar eficiencias. A resignarse a estar  desprotegidos porque los malos se apoderan de las ciudades, haciendo de las calles zonas de riesgos y de los domicilios blancos apetecidos porque las leyes dificultan a sus dueños tener armas defensivas.
Armas defensivas que, en exhibicionismo grosero, si portan los delincuentes pero con propósitos ofensivos, para diseminar el miedo y el terror como estrategia demoledora en la consecución de su cometido, hasta ahora triunfal por la ausencia de la antípoda salvadora que es reclamada desesperadamente por la sociedad en peligro.
Sociedad en peligro que espera que este Gobierno,  tan afín a las declaratorias de emergencia, actúe con urgencia para cubrir las evidentes falencias que se presentan en el control delincuencial, accediendo a reconocer esta debilidad y con decisión emprender las acciones necesarias para defender la seguridad de la nación.
Nación que exige ya dejar de ver a los enemigos en los niveles sociales que no encajan con la política gubernamental y se cuelguen en la realidad, para que la observen cruda, dolorosa y trágica. Ya no hay como Ignorar la intensidad del problema. Es imprescindible la unidad nacional gobierno-comunidad para detener al crimen, porque, parafraseando a Tácito,  “mientras se lucha por separado se es vencido juntos”.<
 

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