Actualizado hace: 49 minutos
Ramón Roberto Rivadeneira Rodríguez
Locos y tontos por defender la ley

A ciertos funcionarios de la Cnel tengo que decirles en contestación de su ofensa hacia mi persona que para el verdadero hombre mediocre la cabeza es un simple adorno del cuerpo, si nos oyen decir que sirve para pensar creen que estamos locos. Los hombres mediocres nacieron sin espíritu, nada hacen por dignificar su yo verdadero, destruyen a un hombre inteligente si lo ven peleando por sus ideales, si lo ven peleando por defender la ley. La miopía mental les impide comprender el equilibrio supremo entre la fuerza, la belleza y la sabiduría; rehúsan los dones del alma. Ese hombre mediocre llama loco o tonto al que reclama sus derechos, son los charlatanes de la modestia, son los peores de todos. No tienen talento para defenderse de las leyes; para ellos es más fácil insultar que hacerlo como lo hace un hombre de bien; ocultan su fracaso a través de la injuria.

Miércoles 29 Junio 2011 | 00:00


Estos mediocres se limitan a vegetar agobiados bajo el peso de sus atributos, no tienen ideales, sin alas para elevarse. A los inteligentes deciden ofenderlos, clavan sus dientes en cada reputación que les humilla. Todas las pasiones viles y traidoras suman su esfuerzo implacable para el triunfo  del mal. Los mediocres  hablan  a medias, son cobardes entre los envenenadores, están seguros de la impunidad, son serpientes que se arrastran y por eso son despreciables; llegan  hasta desmentir  imputaciones, mienten con espontaneidad, inyectan la gota de la ponzoña que asoma en sus labios  irritados cuando alguien denuncia sus abusos, empañan la reputación  ajena para disminuir la lacra que llevan en el alma.
Los mediocres tienen apetito de transformar su vida entera en una mentira y cuando llegan a pronunciar  una verdad sus labios se paralizan. La mediocridad moral es impotencia para la virtud  y cobardía  para el vicio. Hombres de pacotilla hechos tal vez con retazos  de catecismos y con sobra de vergüenza. Algunas veces se mantienen honestos por conveniencias; los delincuentes son individuos  incapaces de adaptar  su conducta a la moral. Si existiera una moral eterna y no tantos inmorales, los pueblos irían por buen camino, seguros; y en el amanecer, cuando los hombres viven luchando  a brazo partido con la naturaleza  avara, es indispensable ser fuertes y valientes para imponer la hegemonía.
Gracias José Ingenieros.

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