Actualizado hace: 1 hora 53 minutos
Walter Andrade Castro | Telefax 05-2933194
Fybeca, Hipermarket, Aki, Mi Comisariato, Supermaxi
Walter Andrade Castro

Estas cadenas son las grandes ganadoras de la temporada de Navidad, los demás que se contenten con las migajas, parece ser la conclusión después de mirar la desesperación por comprar.

Lunes 25 Diciembre 2006 | 16:34

Son verdaderas catedrales del consumo a las que los fieles devotos, concurren con fervor, a veces con pasión mística, a consumir hasta donde el bolsillo aguante o hasta donde la tarjeta de crédito resista. Y cada vez lanzan, con más refinamiento que antes, sugestivas cuerdas con el nombre de promociones que tienen el solo objeto de atrapar al más renuente consumidor. Estas promociones, en ocasiones me recuerdan a una Iglesia con pastores que hablan español con acento -estrategia de mercadeo creo yo- que ha convertido en templos, salas de cine abandonadas y que alquila espacios en la televisión nacional para difundir mensajes que van acompañados de ciertos detalles como para convencer al televidente que son esos detalles los que van a señalar el camino al paraíso. Y ¿cuál es el propósito de los comercios? Convencernos que comprar donde ellos es el camino más corto a la felicidad. Todo esto no tiene nada de malo: son comercios legítimos, venden cosas legalmente adquiridas y utilizan armas de mercadeo disponibles a todos. ¿Qué es entonces lo malo? Desde el punto de vista de los manabitas, es que exprimen, hasta decir basta, los recursos de los consumidores locales sin que esos recursos se reciclen en la economía manabita. Así de simple. Pero hay otra consecuencia, quizás la más sentida: deprime al comercio local. ¿Qué quiere decir esto? Bueno que como resultado de la presencia de las grandes cadenas de almacenes en Manabí, es posible que el desempleo local se haya incrementado porque se han cerrado muchos negocios ya que el consumidor, por razones que merecen un análisis independiente, los prefiere con lo que, en términos prácticos, la llegada de estas megatiendas, es un perjuicio. Más conveniente entonces a nuestra economía es comprar a los negocios cuyos propietarios sean manabitas porque ellos crean empleo permanente y las utilidades que generan sus empresas se reinvierten localmente. ¿Cuál es la solución? Como es obvio no se puede prohibir a nadie que abra un negocio o que no promocione lo que vende, lo que hay que hacer es que nuestras autoridades, alcaldes y Prefecto, ayuden al empresario manabita a crear las condiciones para crecer y los empresarios por su parte mejorar para competir y unirse para enfrentar a los gigantes. Así lo hicieron en México cuando llegó la tienda más grande del mundo Wal-Mart y frente a ésta Hipermarket, Fybeca, Supermaxi, Aki, juntos no son otra cosa que minúsculas hormigas.
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