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Argentina
Crónica de un final anunciado

La ineficacia política de los dirigentes, mezclada con el poder de la barra brava, le dieron forma al peor capítulo de la gloriosa historia de River Plate.

Domingo 26 Junio 2011 | 17:31

Pero, este descenso no comenzó hace 38 fechas con la temporada 2010-2011, sino que se empezó a gestar allá por 2005, cuando José María Aguilar consiguió la reelección a su mandato como presidente, luego de un primer período que tuvo dos títulos y obras en el club que seducieron a los socios para lograr sus votos. 

Aguilar mantuvo a Reinaldo Merlo como entrenador, pero en la pretemporada, "Mostaza" decidió renunciar luego de un altercado con Marcelo Gallardo, el referente del plantel en ese momento.  
Llegó entonces Daniel Passarella como director técnico, una gloria del club, pero los refuerzos intrascendentes se hicieron común en el plantel y solo se festejaba ganarle a Boca Juniors algún que otro Superclásico, ya que en los torneos locales los "Millonarios" eran mediocres. 
Sin duda, el año bisagra en este debacle fue el 2007, cuando el poderío que tomó la barra y la convivencia de la misma con el manejo del club instalaron el pánico para el verdadero hincha del rivrplatense.  
Comenzaba el Clausura 2007 y el equipo enfrentaba a Lanús en un primer partido de campeonato que siempre es un racimo de ilusión. 
Antes del encuentro, dos grupos de la barra brava se combatieron a los tiros en los quinchos del club ante la mirada de los demás socios que compartían un almuerzo en familia. 
Ese fue el comienzo de un futuro aún más oscuro. 
Unos meses más adelante, el barra Gonzalo Acro fue asesinado por un grupo antagónico que buscaba el liderazgo en la tribuna del Monumental. A partir de allí, los cruces entre bandos riverplantenses se hicieron frecuentes en una actualidad marcada por la sangre. 
En 2008, el salvaje ataque con cadenas en cancha de Vélez Sarsfield antes del cotejo con Arsenal de parte de un sector de la barra sobre otro que quería tomar posición en la popular empañó el título del Clausura 2008, bajo el mando del técnico Diego Simeone, en la última consagración de River. 
Tras ese logro, el entrenador tuvo un cortocircuito con Ariel Ortega, quien había sido fundamental en aquella consagración, y el ídolo se fue para Independiente Rivadavia de Mendoza.  
Sin refuerzos de jerarquía y deambulando por el campeonato, River terminó último en las posiciones y no gravitaba en copas internacionales.  
A esa altura, el Hall del Monumental, hoy destrozado, era sitio de descarga de los hinchas, pidiendo la cabeza de Aguilar y el de la Comisión Directiva. 
En diciembre de 2009, Aguilar le cedió el mando a Passarella, quien ganó las elecciones y prometió encarrilar a River en el marco social y deportivo, además de hacer una auditoría de la nefasta gestión anterior. 
Leonardo Astrada se mantuvo en el cargo como técnico, pero los malos resultados aceleraron su salida y el presidente acordó la llegada de Angel Cappa, un buen entrenador, pero quizás para otro momento de River. 
Con el gestor del "Tiki Tiki", River continuó siendo pobre en el campeonato y, ya sin participaciones internacionales, Passarella lo despidió y subió a Juan José López, quien fue el "bombero de emergencia" de un equipo que terminó el Apertura 2010 para ilusionar con el tercer puesto en la tabla. 
Pero, esa ilusión fue solo un espejismo. El presidente decidió contratar solo al delantero Fabián Bordagaray, suplente en San Lorenzo, y arreglarse el primer semestre del año con lo que tenía. Inclusive, con la baja de Ortega, delantero desafectado del plantel por López y quien emigró para All Boys. 
Un buen arranque en el campeonato, con la confirmación de titular del juvenil Erik Lamela, jugador que demostró que es la mejor aparición en River de los últimos tiempos, pero a quien le pesó demasiado la responsabilidad de cargarse al equipo en una situación límite. 
Además del juvenil, los otros baluartes del equipo fueron el arquero Juan Pablo Carrizo y el experimentado Matías Almayda, quien terminó jugando lesionado. 
Pero, en un momento clave del torneo sus figuras no aparecieron y el equipo se cayó, y peligrosamente llegó a la última fecha al borde de la zona de Promoción. 
El partido con Lanús fue el fiel reflejo de un River apático y entregado, que pagó el precio por el mal manejo de sus autoridades al instalarse en la Promoción. 
River tampoco supo cómo jugarse ante un Belgrano preparado para la ocasión y para dar el salto, pecando JJ López por haber presentado en el partido de ida en Córdoba plagado de juveniles, reservando a la mayoría de los experimentados al banco de suplentes. 
La vergonzosa invasión de campo de los hinchas en el Gigante de Alberdi en el primer juego para increpar a sus jugadores fue seguramente para evitar ver una dolorosa realidad. 
Pero, claro, ellos y los miles de simpatizantes que seguían el partido por televisión ya sabían que el descenso de categoría ya estaba consumado y que se confirmaría cuatro días más tarde en un Monumental que vivió su jornada más triste de la historia. 
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