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Montaje del día
Cars 2

Pienso en Cars 2 no como la continuación de una exitosa primera parte, sino como el momento en que mis amigos, de ley, tendrán que llevar a sus hijos pequeños al cine, comprarles juguetes y aguantar estoicamente que los pequeños repitan los diálogos de la película incluso cuando duerman.

Domingo 26 Junio 2011 | 00:00

El tiempo, capto, tiene varias formas de manifestarse y esta es una de ellas. Los hijos de mis amigos conocen a Rayo McQueen mejor de lo que se conocen a sí mismos y sus padres, por asociación, lo conocen también de memoria. Ese auto rojo que no es exactamente un Transformer pero habla, piensa, opina y hasta siente, se ha convertido en parte de las familias que mi generación, responsable e irresponsablemente, ha tenido a bien procrear. Es curioso, pero lo que me da envidia no es no tener hijos a los cuales llevar al cine, no, para nada, lo que envidio es la pasión, la entrega y la fe ciega con que estos peladitos se entregan a lo que para ellos es una esquina del paraíso, ¿habré sido yo tan fácil de convencer a esa edad? Los autos nunca me han interesado demasiado y la verdad es que estos autos parlanchines me interesan aún menos. Prefiero quedarme al margen, visitar las casas de mis amigos y ver los juguetes regados por el suelo, la primera parte perenne en la pantalla plana, las camisetas, las pijamas, los zapatos, las gorras y cuanto artículo con motivos de Cars exista desplegado por los rincones de la casa. Si no me equivoco, fue Silvio Rodríguez el que escribió esa canción que tan bien sonaba en voz de Mercedes Sosa, y decía “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”. Pues bien, Luca Prodan (vocalista de la mítica banda de rock argentino llamada Sumo) y Andrés Calamaro grabaron una versión en la que decían, “el tiempo pasa, nos vamos poniendo techno”, y siento que el siglo XXI está mejor descifrado en esta ingeniosa variación. Cuando era pequeño, coleccionaba cualquier cosa que tuviese a los personajes de "La Guerra de las Galaxias" encima. Hoy, que según mi cédula y mis padres soy grande aunque no lo parezca, lo sigo haciendo. Es más, mi madre me compra algunas de esas cosas, las guarda, y me las entrega en navidad o algo por el estilo. Sin duda, esa es nuestra batalla contra el tiempo, una batalla silenciosa en la que no hace falta decir que ambos, como en pocas cosas más, estamos de acuerdo. Así mismo, llegará el día en que las madres de mi  generación le regalen a sus hijos treintañeros recuerdos de Rayo McQueen y sientan, por un momento, que todo sigue en su sitio.<

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