Actualizado hace: 4 horas 31 minutos
Roberto Rivadeneira Rodríguez
La Navidad que yo quiero

Cultura es el esfuerzo que hace el espíritu por salvar la tragedia íntima de nuestro destino, enlazando nuestras pobres conciencias con algo eterno e infinito el saber cultural no es nunca un saber cuantitativo; es un crecimiento armónico, estructural, vital y orgánico; es un saber de salvación. La vida no tiene espera, no puede, no sabe esperar.

Sábado 23 Diciembre 2006 | 21:06

Así hay mujeres que viven obsesionadas por los llamados impulsos de limpieza, de orden, de perfeccionamiento de su casa y se olvidan de lo más elemental sus hijos, su esposo. Por lo que en esta navidad quiero llegar a las madres a través de un escrito de Silvia Garlock en “Cartas de Dios” que entre otras cosas dice: La vida tiene movimiento y tus hijos son la representación misma de la vida. Que esos cuerpecitos que corretean por tu casa que las ensucian y las desordenan son mis hijos y los quiero ver alegres. Porque muchas veces las madres están más preocupadas por las cosas que por las personas de su hogar. Pero sépanlo bien, un día esos hijos van a crecer y se van a ir de sus casas. Un día dentro de muchos años, ustedes verán que sus casas se mantienen en perfecto orden porque ya no hay bracitos ni piernitas que muevan de sus sitios muñecas, bicicletas, balones, etc. Un día tú despertarás y sus días avanzarán y se acostarán a dormir y se volverán a levantar y verán que todos los objetos del hogar están en el mismo sitio en donde las dejaron ayer, hace una semana y hace un mes. Ese día ustedes se quedarán contemplando sus hogares y lo verán perfectamente ordenados porque esos bracitos y esas piernitas ya no están y podrán creerlo ese día ustedes van a extrañar esas risas, los portazos y los juguetes tirados junto a la recamara. Van a sentir el peso de la soledad y los extrañarán y desearán que ellos vuelvan, aunque sea para desordenar sus casas. Ellos no siempre van a estar pequeños pero díganme una cosa, cuando ellos se vayan cómo quieren que lo hagan, tristes, con amargura y con un gran alivio de no escuchar sus gritos o quieren que se vayan alegres y contentos de haber disfrutado de su infancia y con un gran amor por el recuerdo de sus años felices junto a ustedes ¿O cómo quieren que se vayan? De ustedes dependen por eso es necesario que recuerden que su hogar debe ser suficientemente limpia para ser sano y suficientemente desordenado para ser feliz. Ni mucho, ni demasiado, es cuestión de equilibrio. Enséñenles que limpien, pero siempre recuerden que ellos son más importantes que las casas y las cosas que éstas contienen. Después de todo cuando ellos crezcan, ustedes podrán limpiar sus hogares mientras disfrutan los recuerdos felices y escucharán como resuenan sus risas por los rincones de sus casas. Feliz Navidad madres del universo Feliz Navidad ángeles de amor
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