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La democracia ecuatoriana

POR EDITORIAL

Martes 10 Mayo 2011 | 00:00

Sobre la base de la experiencia de la votación realizada el sábado siete de este mes, se escucha encendidos discursos con loas al procedimiento que dan en llamar democracia directa; incluso se dice que debe consultarse frecuentemente al pueblo.


Eso sería adecuado, pero hay formas y formas de aplicación en la que intervienen procedimientos que no siempre dan las facilidades que debe tener el votante, como ocurrió con el planteamiento de las diez preguntas en conjunto, que tenían un anexo jurídico que pretendía explicarla pero muy pocas personas leyeron siquiera los anexos. 
En esas condiciones se fue a la votación y los electores, mayoritariamente, optaron por un sí o un no para las diez preguntas, sin ningún análisis, sólo para cumplir con la obligación, agradecer por la asistencia del gobierno o para criticarlo; es decir, interpretando la consulta como a favor o en contra del Presidente de la República.
Así desaparece el sentido democrático porque la mayor parte de quienes sufragan no opinan, no medita; lo hacen unos pocos y casi todos son gente interesada o contraria a la vigencia o no de los cambios que deben darse a continuación de la consulta. En definitiva es ese pequeño grupo el que participa en representación del pueblo que está más ausente que en el órgano Legislativo.
Y es en esas circunstancias que lo que llamamos democracia directa se reduce apenas a una acción mecánica de votación que se realiza por obligación, sin la participación de un espíritu motivado realmente por una concienciación ciudadana.
Aquello señala que la educación política del ecuatoriano sigue estacionaria, se continúa con la misma práctica electorera que no ha variado en absoluto en los años de este gobierno, sin que con la revolución ciudadana se haya incrementado la independencia política, solo varían los distintivos partidistas y quienes dan los consabidos encendidos discursos de sus mayores exponentes.  <

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