Actualizado hace: 1 hora 25 minutos
Editorial
Deporte y brutalidad

Muchas personas encasillan a determinados deportes como el fútbol americano (rugbi), el box, el full contac, y a espectáculos como al toreo, en la columna de la brutalidad, pues generalmente la fuerza es la que impera como promedio, siendo la sangre un corolario permanente de los mismos. Y los asistentes a estos actos saben lo que van a ver.

Martes 19 Diciembre 2006 | 21:42

No sucede así con el fútbol nuestro (soccer), el deporte más popular en Latinoamérica, en el que la fuerza bruta tiene su espacio, pero en mínima expresión y siempre subordinada a la inteligencia del jugador, quien sabe que lo importante es demostrar el dominio del balón y el juego en equipo para lograr el triunfo complaciendo a los aficionados. Es que eso es lo que desea, el motivo por lo que asiste y es lo que demanda el público cada vez que acude a los estadios para espectar los encuentros entre los diversos equipos que intervienen oficialmente en el campeonato nacional de este deporte o en partidos amistosos con fines específicos. A más de combatir el estress, manifestar su respaldo al equipo de su preferencia, apoyar al deporte, el amante del fútbol concurre para conocer el avance profesional que presentan los deportistas, conscientes de que sus adelantos son referentes ligados íntimamente a los de la ciudad o el país. Por eso es que perturba, enoja y decepciona cuando los jugadores se olvidan de que son representantes de un conglomerado social, club, comunidad o nación, y dejan traslucir bajos instintos a través de la violencia y con acciones cuasi criminales que empañan el espectáculo. Y a esta baja moral llegaron los futbolistas que se enfrentaron a golpes luego del partido entre Barcelona y Liga de Quito, el domingo pasado en Quito, del que resultaron algunos heridos de consideración por la saña conque se enfrentaron y con el objetivo específico de hacerse daño. Una final de vergüenza que no debe quedar como simple recuerdo negativo, sino que los tribunales correspondientes tienen que sancionar a los responsables con el mayor rigor legal permitido.
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