Actualizado hace: 4 horas 7 minutos
Horacio Hidrovo Peñaherrera
Recordando a Sócrates Ponce Pacheco

LMarzo de 1972. Desciendo del avión en el aeropuerto Maipú de Santiago de Chile. Sócrates Ponce Pacheco, joven portovejense, para privilegio mío, discípulo en el colegio nacional Olmedo, donde se graduó de bachiller. Yo era alcalde de la ciudad de Portoviejo y había recibido una invitación para observar la Copa Libertadores de América, con la participación de Emelec y Nacional, Sócrates sabía de mi llegada a Chile, por eso estuvo presente en el aeropuerto.

Domingo 17 Diciembre 2006 | 20:44

El abrazo fue total, porque además un parentesco lejano nos acercaba. Después una explicación que la puedo resumir en las siguientes palabras: Lo lamento Horacio, pero no puedo seguir contigo, estoy padeciendo de fatiga mental y el gobierno me envía a Los Algarrobos, donde podré descansar. Es cierto, Sócrates había alcanzado los más altos escaños en el gobierno chileno de ese entonces, participando como asesor del Presidente Allende. No lo vi más, después me contaron la otra historia, la que duele, la que motivó que se publicara en uno de los periódicos de la ciudad de Portoviejo, un poema de mi autoría. Casado con la hija de un General de Carabineros, su esposa vivía los momentos de ilusión del embarazo. Sócrates fue detenido, se trataba de un “pez gordo” para la dictadura. Los ajetreos no se hicieron esperar, se trataba del yerno de un alto oficial de la policía chilena. Finalmente obtuvo la libertad, una libertad que tenía el alto precio de la vida, digamos mejor una libertad perversa, criminal. Al salir del Estadio Nacional de Santiago, recibió un impacto de bala que terminó con su vida. Han pasado algunos años de esta historia trágica, sin embargo, no los suficientes para olvidar a un joven estudiante egresado del colegio nacional Olmedo. Sócrates, quien sabe más parecido a su padre, el recordado maestro César Ponce Cañarte, caminaba de la misma manera. Tenía la bondad y la condición humana de su madre, doña Judith. A su hijo, que hoy debe pasar los 30 años, un fuerte estrechón de manos desde acá, desde la Avenida Manabí, donde todavía están grabadas las huellas de su padre, un hombre que estaba en lo cierto, en las propuestas de América Latina. Claro, como decirle a Sócrates que nuevos sueños se están dando a lo largo y ancho de este continente, que las naciones buscan liberar sus recursos naturales para solventar la economía de las siempre explotadas naciones. Haciendo un registro de mi libro dedicado al siempre amado colegio nacional Olmedo, en un amarre de generaciones, asoma el nombre de Sócrates Ponce Pacheco, perdón, más que un nombre, una gloria viviente para quienes nos sumamos a los nuevos sueños de América Latina.
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