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Reforma política y economía (II)
Enrique Delgado Coppiano

Sentada la premisa de que el cambio es indispensable y necesario, además de que la gran mayoría así lo acepta, lo lógico es buscar el camino más factible y menos traumático para la democracia, que en definitiva es la senda por la que el pueblo se pronunció al participar masivamente en la primera y más, en la segunda vuelta. Aquí empieza el cambio.

Sábado 16 Diciembre 2006 | 20:45

Al rechazar el sistema partidocrático, ya el pueblo dijo: despolitización del sistema electoral, tiene que ser independiente, sin representaciones políticas que resultan ser luego juez y parte, tanto en el Tribunal Supremo Electoral –TSE- como en los tribunales provinciales. Igual sucede con el Tribunal Constitucional, que inclusive debe ser eliminada y esta función pasar a la Corte Suprema de Justicia –CSJ- en una sala especializada, normada sus actuaciones conforme a la Ley. Si se respeta la integración de la actual CSJ, se habrá así avanzado en la seguridad jurídica, teniendo que trabajarse muy fino en dar seguridad ciudadana, lo que indudablemente pasa por una reestructuración de los estamentos armados; que han estado en el ojo del huracán en los últimos tiempos, como es de dominio público. Esto requiere todo el pueblo. Igualmente, los organismos de control, Contraloría General del Estado, Superintendencia de Bancos, de Compañías y todas las demás, tienen que estar lejos de la acción partidaria, ser nombrados en forma independiente con perfiles muy exigentes y ser dotados de leyes más expeditivas que les permitan actuar con urgencia en momentos críticos, sin lavado de manos y procesos que nunca terminan y constituyen una burla al soberano. Tenemos un país bello, rico, hermoso, que aspira a una administración ética, que le permita avanzar en lo social, con estabilidad y sin corrupción. Lo administrativo tiene que tener una base económica fuerte, segura y bien conducida, sin ápices de mañoserías, así en la industria petrolera, aduanas, contratos del Estado, manejo de multimillonarias empresas telefónicas, donde se han festinado recursos del pueblo, pagando sueldos y bonificaciones millonarias, que son una bofetada a la pobreza generalizada, remuneraciones entre 30 a 40 mil dólares, mientras el 70 por ciento de asalariados luchan por tener con qué parar la olla el día de mañana. Este es el cambio que a gritos se exige. Orden en todas las finanzas públicas, que quede dinero para la educación, salud, vivienda, producción, de donde nacerá el trabajo digno y bien remunerado que es hacia los cuatro puntos cardinales aspiración general.
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